Un día de Fútbol en China

02/1/2016

Beijing, domingo 3 de noviembre de 2011, llevo 40 días en China por cuestiones laborales, y por la diferencia horaria y la carga de trabajo estuve desconectado del planeta fútbol. No soporto más la ausencia de ese deporte en mi vida, y con Twitter bloqueado, poco o nada sé de lo que esta ocurriendo. La solución: ir al estadio de Beijing y disfrutar de una tarde de fútbol. Esa tarde se enfrentaban el Beijing Guoan FC contra el Qingdao Jonoon. ¿Lo bueno de la fecha? El segundo se juega su estadía en primera división, el primero juega por trámite, tercero en la tabla y ya clasificado a la Liga de Campeones de Asia 2014. Conozco poco del fútbol chino, y aún menos de los equipos que se enfrentaban, por lo tanto esperaba encontrarme con un estadio vacío, con poco público, sin cánticos y con un pobre nivel. Pero el fútbol siempre está cargado de sorpresas, y no hay nada más mágico que un domingo en el estadio. ¡No importa donde!

Me dirigí en metro al Estadio de los Trabajadores y ahí me llevé la primera sorpresa de la tarde: hinchas del equipo local por todos lados llenando los vagones y todos, sin excepción, con prendas distintivas del equipo. No sabía muy bien hacia donde dirigirme pero fue muy fácil llegar; la marea verde se encargó de dejarme en las puertas del estadio llenas de vendedores ofreciendo camisetas, sacos, bufandas, vasos y demás artículos referentes al Guoan. Me dispuse a conseguir mí boleta en la popular reventa y me volví a sorprender con los precios: boletas en la tribuna occidental tan sólo 15 dólares, precio que en mi país solo alcanza para la tribuna popular. Entré al estadio y me encontré la tercera sorpresa, 40.000 espectadores dentro de un estadio con capacidad de 70.000, un número grandísimo para la importancia del partido. Luego me enteré que la mayor cantidad de hinchas son regulares y son abonados del equipo, que juega con ese promedio de hinchas.

Empezaba la fiesta en el Estadio de los Trabajadores. Sonó la tradicional música de FIFA anunciando la salida de los equipos y al mejor estilo británico los hinchas elevaron sus bufandas, creando un mosaico envidiable y generando un ambiente increíble, complementándolo con un cántico que asumí, aún hoy no lo sé, era el himno del club. Una buena forma de empezar el partido, una sorpresa más para la tarde, los hinchas chinos también alientan todo el partido y no paran de cantar y saltar. Y se nota mucho la influencia del fútbol inglés, ya que sus cantos no son la canción estilo barra suramericana, si no, un cantico más musical al estilo de un partido en Londres, Liverpool o Manchester.

Y en China, se repiten las mismas postales de varios estadios en el mundo: El loco que grita cosas cuando todo el mundo esta tranquilo, el hincha que pelea todas las decisiones de sus jugadores, los grupos que cantan en contra del arbitro, el papá explicándole a su hijo el trámite del partido y la barra cantando y apoyando. El fútbol es el mismo y en China lo sentí en su máxima expresión.

Pero lo malo de la tarde sucedió en la cancha, como lo esperaba. Un partido aburrido, plagado de pelotazos y balones sin rumbo, despejes sin necesidad, pases errados, goles dilapidados y muy pocas emociones. Dos equipos que poco jugaban al fútbol y que apostaban a la velocidad de sus delanteros, africanos en los dos conjuntos. Solo una individualidad cambiaría el partido. El primer tiempo terminó con un cantado cero a cero y para el segundo tiempo nada parecía cambiar. Pero con la entrada al campo del famoso Kanoute, ex Sevilla y ahora jugador del Beijing, el partido mejoró, y en los últimos 15 minutos de juego las emociones compensaron los aburridos 75 minutos anteriores. En el minuto 78 el ecuatoriano Guerrón adelantó a los locales y le complicó la vida a los visitantes, que se habían olvidado de jugar y salieron a buscar el gol del empate y la permanencia en primera división. 15 minutos de ida y vuelta que animaron mucho más a los 40.000 espectadores, 15 minutos que fueron una fiesta y que me recordaron el por qué amo el fútbol. No importó la diferencia de raza y la poca posibilidad de entendimiento por el idioma, todos los que estaban sentados a mi lado me compartieron su felicidad y se volvieron mi familia futbolística. La emoción era total, ¡amateurismo en su mayor expresión! Para el hincha chino ganar un partido es un gran motivo de alegría, sin importar si es por el título o por el tercer puesto. Están en el estado inocente del fútbol, donde aman a su equipo por jugar y lo respetan por ganar. Viven el fútbol de la mejor manera.

El fútbol fue el idioma del momento, y no necesité mucho para comunicarme con nadie. Una buena jugada, un buen pase, un remate, un gol hablan por si solos y no necesitan de traducción. El idioma del fútbol es mundial y nos une a todos los que amamos el deporte. En China, el fútbol se vive sin violencia y con respeto, cosas que admiro y envidio. La hinchada visitante no tuvo que salir escoltada ni esperar 20 minutos más. El fútbol fue fútbol una vez más en mi vida y me recordó el por qué mi amor por este deporte y me mostró todo lo que hemos perdido en otros países. El fútbol es de todos, de la familia, y aunque el nivel no fue muy bueno, la fiesta fue más que satisfactoria. La tarde de fútbol en China fue una experiencia excelente.

Abrazo de gol

José Cortés

Técnico ATFA de Fútbol.

@Pototodt