Un cucuyano en Barranquilla

02/2/2018

En el fútbol hay jugadores que son fundamentales para el equilibrio de un equipo. En un club ganador no puede faltar un gran arquero, ni un delantero con olfato goleador, pero hay una posición de mucha importancia y que por hacer un trabajo silencioso pasa casi desapercibida. El volante de recuperación, ‘el cinco’, es el filtro para la zona defensiva y el primer pase en fase ofensiva y un boyacense cumple con creces estas funciones.

Rubén Leonardo Pico Carvajal nació en El Cocuy hace 26 años y desde hace siete juega fútbol profesional. Sin perder la humildad es consciente de sus capacidades y de sus virtudes como futbolista. El tono boyacense se le sale en las entrevistas. Cuando era un joven de 20 años y apenas jugaba sus primeros minutos en el Patriotas de Miguel Augusto Prince se describió como “un volante con buena técnica, aguerrido y luchador. Con manejo de balón y buen remate al arco”.

Además de las condiciones mencionadas en primera persona, el jugador forjado en las inferiores rojas tiene liderazgo. Logró el ascenso en 2011, se convirtió en capitán y en el jugador que más veces ha vestido la camiseta de Patriotas (162). En el campo apoya en las dos fases del juego: en defensa suma con sus rápidas intercepciones. Es un perro de caza, siempre está bien posicionado y sabe ocupar espacios; en ataque le brinda al equipo salida limpia desde atrás, pases en profundidad, pegada de media y larga distancia, y visión panorámica que le permite tomar las mejores decisiones.

Luego de ser figura de Patriotas, César Pastrana se lo llevó para Santa Fe. El presidente lo describió como “un futbolista interesante, que tiene personalidad en el mediocampo”. Su trabajo lo llevó a, en sólo seis meses, disputar tres finales con el conjunto cardenal. Se dio el lujo de jugar en Japón (y salir campeón de un torneo intercontinental), de pisar el césped del Monumental de Nuñez para enfrentar al River Plate de Marcelo Gallardo y de ganar el Torneo Clausura de la mano de Gustavo Costas. En el león de Bogotá contó con pocos minutos, pero cuando jugó dejó su sello personal.

Alberto Gamero, viejo conocedor de la tierra boyacense, se fijo en él y lo llevó a préstamo al Junior de Barranquilla. Los primeros meses en ‘curramba’ fueron difíciles porque estaba acostumbrado a jugar en la altura y en el frío. “No me hallaba. No podía estar mucho tiempo fuera de la casa, en donde no había aire acondicionado. Me costó acomodarme al clima y a la ciudad”, comentó el hijo de don Rubén y doña Gloria.

Pero a todas las cualidades de futbolista ahora le suma una humana: el reponerse ante condiciones adversas. Con Gamero no tuvo continuidad, fue un semestre malo para el Junior, para el técnico samario (que sería destituido) y para el volante boyacense. Pero con la llegada de Julio Comesaña (quien lo había dirigido en Patriotas) el jugador recibió la confianza que necesitaba para volver a brillar.

El cucuyano se hizo titular indiscutible del Junior liderado por Teófilo Gutiérrez y Yimmi Chará. Encontró en Víctor Cantillo su socio ideal y entre los dos comandaron el mediocampo ‘Tiburón’ que ganó la Copa Colombia, y que llegó a las semifinales de la Copa Sudamericana y del Torneo Finalización. El fútbol simple, pero efectivo, lo hicieron ganarse un puesto en el calor de la arenosa y este año la hinchada del Junior seguirá disfrutando de Leonardo Pico, el futbolista venido del Nevado del Cocuy que triunfa en el calor del Metropolitano de Barranquilla.