Tortura inglesa

12/20/2013

Era el año 2003, una empresa canadiense lanzaba un teléfono móvil negro de tipo redondeado y un miniteclado (de ahí su nombre que en inglés significa mora) con el cual se podían gestionar mensajes de texto y correo electrónico. Gracias a su seguro sistema de red, rápidamente fue elegido por compañías y gobiernos hasta superar en 2009 los 50 millones de usuarios.  RIM se sintió demasiado segura de sí misma, subestimó la llegada de Apple con el Iphone, de Google con Android y el resto de la historia de Blackberry es conocida por todos.

A comienzos de esta semana me quite la camiseta del Tottenham.  El despido de Andre Villas-Boas se veía venir pero me resistía a creerlo, el 0-5 que le propino Luis Suarez y su banda en pleno White Hart Lane ha sido el golpe final; marcadores así hacen que se termine de manera fulminante cualquier relación, aunque en esta novela hay algo más.  Debo reconocer que muchos errores son del propio Villas-Boas, pero también otras cuestiones influyeron para que se terminara prematuramente su segunda estancia en Londres.

Después de un tortuoso paso de tan solo 8 meses por el Chelsea, en el que claramente se vio el complot que el vestuario había concebido contra el portugués, al técnico se le abría una oportunidad de oro cuando Daniel Levy le ofreció conducir su equipo.  Mucha agua ha corrido bajo el puente desde que se transformó en el entrenador más joven (33 años) en ganar una competición europea (la Europa League con el Porto en 2011, además de Liga y Copa en Portugal) hasta el martirio en el que se ha convertido su aventura por tierras inglesas.

El discípulo de Mourinho llegó al Tottenham en Julio de 2012 por tres temporadas; al final de su primera etapa, dejo al conjunto ingles en la quinta posición a solo un punto de clasificar a  Champions.  En la mitad de su segundo periodo, los Spurs presentaban una irregular campaña que navegaba entre grandes actuaciones en la Europa League ante equipos inferiores y mediocres partidos en la Premier, sin un esquema de juego claro ni un once definido que presentaban un cuadro londinense con escasos argumentos ofensivos y muchas lagunas defensivas.  Demasiados pendientes para pelear trofeos.

A comienzos de esta temporada el piloto de la nave blanca le solicito al presidente la compra de Joao Moutinho, William, Hulk y David Villa, pero ninguno de ellos llego; se contrataron 7 y de ellos, 4 eran recomendados por Franco Baldini (Erik Lamela, Nacer Chadli, Vlad Chiriches y Christian Eriksen), el nuevo director deportivo venido de la Roma.  Todos, jugadores que el timonel luso nunca solicito y siempre se resistió por no encajar en su proyecto; en ese momento la relación entre el portugués y la directiva se rompió como porcelana.

Aunque sería irresponsable culpar exclusivamente a los dirigentes de los actuales resultados tampoco el entrenador es el único culpable, el bajo nivel expuesto por algunos jugadores es indiscutible, la mayoría no han estado a la altura, en especial aquellos que llegaron a reforzar la plantilla de los que solo se salvaría Paulinho.

Del éxito al fracaso, tanto RIM como André Villas-Boas se encargaron de destruir su propio prestigio.  Después de no completar ninguno de sus contratos en la tierra de la reina, es poco lo que se puede decir en defensa del técnico luso.  Tengo claro que los consejos de Baldini aportaron mucho a la actual situación spur, pero también es evidente la falta de carácter del entrenador para imponer su criterio.  Algo que nunca pudo aprenderle a su mentor.

Carlos Avellaneda