Tecnología para evitar la violencia en el fútbol

03/25/2017
PaseAlVacio

Escrito por: PaseAlVacio

PRIMERA ENTREGA

La convivencia en nuestra sociedad está basada en un conjunto de normas que debemos cumplir, reglas que buscan el bienestar general por encima del beneficio personal. Algunas de estas normas son de estricto cumplimiento y pasarlas por alto pueden acarrear sanciones, las cuales pueden ser pedagógicas, económicas o privativas de la libertad.

Lastimosamente en el entorno del fútbol parece haberse creado una isla, una burbuja en la que muchos creen estar eximidos del cumplimiento de las reglas que rigen nuestra sociedad, llegando incluso al extremo de que muchos se autodenominan autoridad en un determinado entorno relacionado con el fútbol. No es desconocido para nadie el fenómeno de las barras bravas, grupos organizados que tienen como bandera alentar a su equipo sin importar las circunstancias, nunca abandonar, llevar con orgullo los colores a todos lados. Estos grupos han evolucionado con el tiempo, pero siempre han tenido un común denominador: no tienen límites cuando de defender sus insignias se trata, sólo cumplen sus propias reglas, y sin importar que son minoría en un deporte que convoca a millones, controlan significativos aspectos en sus respectivos equipos.

Las barras bravas han alcanzado un nivel de control tan alto que pueden considerarse ‘propietarios sin escritura’ de espacios físicos en los principales estadios. No es posible imaginar un partido del América de Cali en el Pascual Guerrero sin ver a los integrantes de la barra ‘Barón Rojo’ en su  tradicional ubicación en la popular sur; mucho menos un partido del Deportivo Independiente Medellín en el Atanasio Girardot en el que los integrantes de la ‘Rexixtenxia’ no estén tiñendo de rojo la tribuna norte; ‘Los Del Sur’ alentando al verde paisa desde la sur del coloso de la 74; ‘La Guardia Albi Roja’ del Independiente Santa Fe en la tribuna sur o los ‘Comandos Azules’ de Millonarios en la norte del Nemesio Camacho ‘El Campin’.

Estas barras llenan de color al fútbol, son los principales artífices de que los diferentes equipos cuenten con canciones características para ser alentados, su aporte es significativo en los promedios de asistencia a los estadios, organizan las salidas y son fundamentales en el folclore del fútbol moderno. Algunos de sus integrantes son personas que se asignan a sí mismas la autoridad de exigir en un estadio que los demás se vistan con un determinado color, personas que no admiten la derrota deportiva a manos de sus principales rivales, pues esta debe ser cobrada con violencia, para demostrar quienes son ‘los de más aguante’. Son unos pocos, eso está claro, pero esos pocos se encargan de estigmatizar el papel de las barras, y son esos pocos a los que la verdadera autoridad no ha sabido controlar.

En Colombia se han aplicado toda clase de mecanismos: diálogo, sanciones y campañas, pero sin ningún éxito. Las mismas barras han intentado generar conciencia, pero cada vez la situación se hace más insostenible. No podemos ver a la barra de Nacional en el Pascual Guerrero alentando a su equipo de visitante contra Cali o América; los hinchas de Millonarios tienen prohibida su asistencia al Atanasio Girardot para los partidos contra los dos grandes de Antioquia. La hinchadas, algo fundamental en un deporte que enfrenta dos equipos en un terreno de juego, están limitadas debido al accionar de unos grupos muy pequeños. Una minoría matemáticamente insignificante en comparación con los números que pueden atraer unos colores, pero esa minoría ha puesto en jaque a las autoridades, esa minoría ha logrado que las personas ajenas a esos grupos lo pensemos dos veces antes de invitar a la familia al estadio. Entonces, ¿cuál es la solución? Desde mi punto de vista sólo hay una respuesta posible: aplicar la tecnología para garantizar que las normas de la sociedad se apliquen también en el entorno futbolístico.

Encuentra la segunda parte acá.
Juan Esteban Osorio [@Juanes_oz]