Rooney, Inglaterra y la crisis de identidad

08/25/2017

La historia de Wayne Rooney es la historia de un fútbol inglés que no deja de acumular números, las arcas de sus clubes se llenan con la entrada de capitales extranjeros, venidos desde Rusia, Estados Unidos, Tailandia, los Emiratos Árabes Unidos y China.

Todos se jactan de decir que la Premier League y las ligas superpoderosas son el espejo en el que tenemos que vernos, que son el camino a seguir, que son la ‘silueta de viernes’ que tenemos que calcar. Pero la parte de la historia que no nos cuentan es la otra, lo que tuvieron que vender para poder construir los emporios empresariales en los que se han convertidos los clubes de fútbol en el viejo continente. Los clubes vendieron su esencia, los nombres de sus estadios y la selección más añeja del mundo para poder convertir al espectáculo más popular de todos en uno de los negocios más fructíferos del hemisferio.

Rooney tiene todos los récords que pueda tener un jugador de fútbol en Inglaterra: máximo goleador del Manchester United (253 celebraciones), segundo máximo anotador de la Liga Inglesa (está a 60 goles de Alan Shearer), máximo goleador del seleccionado de mayores (53 gritos) y segundo jugador que más veces vistió la camiseta de los prooss (quedó a seis de Peter Shilton), pero increíblemente nunca pudo pelear un título con su país; ni siquiera pudo cantar el ‘God Save the Queen’ en una semifinal.

El fútbol inglés parece que ya no existe. La mejor liga del mundo tiene una selección mediocre que puede comparar sus resultados internacionales con los de Chile, México o Japón. El país del ‘afternoon tea’ vendió una de sus principales costumbres, el fútbol, a los capitales de la televisión. Subieron las entradas en los estadios con el pretexto de sacar a los hooligans y terminaron alejando al pueblo. Vendieron los nombres de sus estadios con el pretexto de construir establecimientos más grandes y dejaron los viejos barrios que los habían visto nacer. Dejaron entrar los capitales extranjeros con la disculpa de fortalecer sus equipos y hoy ni siquiera pelean la Champions League.

Rooney se despidió esta semana de la selección inglesa con la que jugó tres Copas del Mundo (2006, 2010 y 2014) y tres Eurocopas (2004, 2012 y 2016), pero con más pena que gloria. Anotó un solo gol en la fase final de los mundiales, fue dirigido por seis seleccionadores y perdió la oportunidad, como toda su generación, de pelear por la gloria, de llevar a Inglaterra a los más alto. Desde que llegó la Premier League a tierras de la Reina la selección y los jugadores ingleses retrocedieron años lux y hoy hasta Islandia los ha igualado (y superado).