Reinvención

04/20/2017

Mario Mandzukic tiene todas las características de un nueve: es corpulento, buen cabezazo, hace funciones de pivot, tiene definición y se sabe posicionar dentro del área. Su fútbol lo ha llevado a jugar en grandes clubes de Europa como el Bayern de Múnich o el Atlético de Madrid y hoy es una de la piezas claves de Maximiliano Allegri en la Juventus de Turín.

Pep Guardiola lo dirigió en Alemanía, la relación personal no fue buena, pero profesionalmente el técnico catalán no tiene dudas de la capacidad de Mario. En su libro Herr Pep cuenta una anécdota que define a la perfección lo que es Mandzukic:

“Quiero poner a uno de vosotros como ejemplo: a Mario Mandzukic. Él y yo no empezamos bien. Ya el primer día vimos que no íbamos a ser amigos, que no había buen rollo entre nosotros. Pero os digo que no hay nadie mejor que él, nadie que se esfuerce más, que acabe los partidos más roto y que lo haya dado todo en el campo. Es el mejor por esta razón. En mis años de entrenador no he tenido un delantero centro como él. Ninguno ha sido mejor que él por las razones que os he dicho. En este equipo jugarán Mario y diez más”.

Al final de la temporada el técnico decidió no contar con el soldado croata y él armó maletas con destino al Vicente Calderón. Allá lo esperaría Diego Simeone y el Atlético de Madrid, un equipo que en los últimos años se ha acostumbrado a estar en lo más alto de Europa y a vender rápido a sus delanteros. Así como sucedió con Vieri, Hasselbaink, Salva, Kežman, Villa (1 temporada) y Falcao (2 temporadas), Mario duró muy poco con la casaca colchonera, pero una temporada le bastó para ganar la SuperCopa de España y ser subcampeón de la Champions League.

En el verano del 2015 llegó al Juventus Stadium con la tarea de mantener a las cebras en el máximo nivel tras la partida de Tévez, Vidal y Pirlo. Y acá llega el punto de inflexión. La reinvención del cara de malo, del luchador, del fuerte. Desde que salió de su país en 2010 siempre había tenido temporadas por encima de los 20 goles. En su primer curso en Italia sólo logró 12, pero a pesar de eso su equipo levantó la Serie A, la Copa de Italia y la SuperCopa, siendo Mario ficha clave. Se había transformado de goleador en jugador de equipo, de conjunto; había entendido a Allegri a la perfección y se había acoplado a sus compañeros como en ningún otro club.

Para esta temporada la Vecchia Signora compró a Higuaín en 90 millones de euros y parecía que Mario iba quedar resagado al banco como el segundo delantero. Pero no fue así, el croata siguió su arduo trabajo, su laburar callado, su guerra incansable por ser cada vez mejor. No está viendo la temporada desde la silla desplazado por el Pipita, sino que se convirtió en su socio, se transformó en el respaldo de Paulo ‘El gladiador’ Dybala y en un aprendiz de Juan Cuadrado. Mario continuó su conversión y pasó de ser un delantero centro a un volante por afuera.

Esta temporada ha firmado muy pocos goles (7), pero su colaboración con asistencias (7) y su sacrificio en el medio campo y la defensa le han llevado a ser titular y a jugar casi todos los partidos (sólo se perdió 5 por decisión técnica, uno por lesión y uno por suspensión). Así como un día Eto’o, Drogba o Cavani jugaron por la banda, Mario es la nueva versión del 9 de área que lejos de extinguirse muta para potenciar a todo su equipo.