Nostalgia de un Clásico

05/3/2015

Confieso que crecí con la emoción del clásico del fútbol argentino. Poco me importaba en esos años un Real Madrid-Barcelona o un Inter-Milan. Mi emoción en cada temporada era ver el Boca-River. Y es que en esa época no era tan normal ver los clásicos europeos, no se veían tantos hinchas de los equipos del viejo continente y los dos grandes de Argentina gozaban de una popularidad enorme en el sur del continente americano. En esos tiempos uno soñaba con ver a sus ídolos del fútbol local, ponerse la camiseta Xeneize o la de la banda cruzada. River y Boca eran dos equipos de mucho grandeza futbolística. Pero los tiempos cambian, y hoy en día, el clásico argentino, o Superclásico, no es mas que un partido normal. El nivel ha decaído tanto que importa más el carnaval de las hinchadas que lo que pasa dentro de la cancha.

Hoy, después de ver uno de los enfrentamientos de verano que terminó en un aburrido empate a uno, no puedo evitar pensar en el último PARTIDAZO que vi entre estos dos equipos, y les digo, no fue de los mejores, fue sencillamente el último que causó emoción futbolística en los hinchas del fútbol. Era 2004 y La Bombonera temblaba como siempre, los cánticos ensordecían el ambiente y sólo se podía pensar en fútbol en Buenos Aires. Todo ese día giraba en torno al partido por Copa Libertadores. En la cancha el ánimo de los jugadores no podía ser mejor: concentrados, con ganas, amor a la camiseta que iban a defender y con muchísimas ganas de comerse vivos a sus rivales. Ese día La Bombonera iba a ser testigo de un gran partido.

Y el partido de vuelta en el Monumental no se quedó atrás. ¿Qué mejor para un clásico que el estadio testigo de la final de la Copa del Mundo del 78 que coronó a Argentina? ¿Qué mejor que un estadio mítico para los hinchas del fútbol?, Como siempre lo único que importaba era el partido, los jugadores y lo que traía vencer al máximo rival. Si algo importa en Buenos Aires es el fútbol, mucho más si es el famoso River-Boca. El partido no decepcionó. Y ¿cómo puede decepcionar un partido donde en cada equipo hay jugadores dispuestos a dar todo por su club?, ¿cómo podría ser aburrido cuando cada uno de los 22 titulares peleaban cada bola a muerte?, ¿Cómo no disfrutar de ese partido donde la mayoría de los jugadores eran hinchas del club que representaban? Imposible no entretenerse cuando por un lado estaban Abbondanzieri, Schiavi, Tévez, Barros-Schelotto y Cagna referentes de un gran Boca Juniors. Y por el otro lado Gallardo, Lucho González, Mascherano y Marcelo Salas, ídolos en River Plate. Y además, para cerrar la gran noche, definición por penales después del 1-0 en la Bombonera y 2-1 en El Monumental. Un clásico irrepetible.

Irrepetible porque hoy los dos equipos perdieron su grandeza, guardan su historia, pero ya no son los todopoderosos de Argentina. Aburrido porque ya en sus formaciones no están grandes jugadores y peor aún, los que están, poco sienten lo que es ponerse esas camisetas. Los jugadores de hoy no sienten el espíritu que hay detrás de la banda roja y de la franja amarilla. Hoy, después de ver el clásico de verano, no puedo ver un referente, un ídolo en cada equipo. Sus jugadores no son lo que estos equipos necesitan. Y por eso, hoy, el gran partido que me hacía soñar en Argentina, se convirtió en 90 minutos de aburrimiento que sólo veo por mi verdadero amor al deporte.

Siento nostalgia al ver los últimos clásicos. Siento nostalgia que un partido tan importante haya decaído tanto. Siento nostalgia al no poder ver en cada jugada la emoción que por tanto tiempo caracterizó este enfrentamiento. Siento nostalgia porque los dos equipos se llenaron de jugadores que van por el dinero y por la vitrina para jugar en el exterior. Siento nostalgia porque cuando un clásico muere se pierde el espíritu que amo del fútbol.

Abrazo de Gol