Nocivo para el fútbol boyacense

04/13/2018
PochAndres

Escrito por: PochAndres

Eduardo Pimentel golpeó árbitros, amenazó periodistas, insultó a los gobernadores de turno y acabó con un proyecto que en 2008 tocó las estrellas dándole a Boyacá la única alegría en el fútbol profesional.

El Chicó aprovechó la mediocridad de los equipos históricos para meterse en el selecto grupo de clubes campeones en Colombia. Un lujo que no se han dado en ciudades con más tradición como Bucaramanga, Pereira o Cartagena. En pocos años el club ajedrezado pasó de ser un equipo de barrio a un ejemplo para las instituciones más viejas del país.

Tunja, que había sido testiga de la hazaña, vio como el proyecto deportivo, traído desde Bogotá por el gobernador Jorge Eduardo Londoño, se desplomó en menos de una década. Chicó tiene un pasado reciente triste, estuvo un año en la B; un presente complicado porque ocupa la última posición en la tabla del descenso; y un futuro oscuro ya que no cuenta con una nómina para revertir la situación.

Pimentel es uno de los socios fundadores y actualmente máximo accionista del equipo. Fue jugador y destacó en clubes como América o Millonarios, pero su explosiva personalidad (con 33 expulsiones en la estadística) le cerró la puerta en la selección Colombia. Además, su relación con Francisco Maturana, técnico tricolor de la época, era bastante turbulenta.

La imagen de Eduardo es mala y eso ahuyenta a los patrocinadores que prefieren poblar las casacas de Huila, Pasto, Tolima o Patriotas. El equipo ajedrezado nunca logró concretar grandes patrocinadores. En 20 años de existencia no han sido más de tres las empresas privadas que han lucido sus logos en las camisetas cuadrille.

Los equipos pequeños en Colombia no pueden vivir de las taquillas (que son malas) y tienen que sobrevivir con la venta de jugadores. Tener una buena cantera significa tranquilidad económica. El Chicó saca muy pocos jugadores de sus divisiones menores, las ventas son contadas con los dedos de una mano, no promueve al futbolista boyacense y los resultados en los torneos juveniles son paupérrimos.

En Boyacá la gente no siente empatía por un equipo que no lleva los colores del departamento en su escudo (ni en su uniforme). Los hinchas que el Chicó cosechó son mínimos y la actitud de Pimentel hacía Patriotas siempre es negativa. Eduardo no vio en Patriotas un aliado para crear una cultura futbolera, sino un enemigo al cual eliminar. Cuando el rival de patio estaba en la B trató de acabarlo.

Las relaciones de Eduardo Pimentel son violentas en todos los frentes. En 2010, discutió con Alexis García y por poco llegan a los golpes. En septiembre de 2011, intentó golpear al juez Ulises Arrieta y sus jugadores lo detuvieron. En noviembre de 2012, fue sancionado con 23 millones de pesos por insultar a Wilmar Roldán y Francisco Peñuela en Twitter y en 2016 fue suspendido por un año sin ingresar a los estadios por golpear al árbitro Luis Sánchez.

La situación del equipo es terminal y lo único que lo puede salvar es la venta. Con nuevos dueños los patrocinadores tendrán confianza para pautar en una camiseta con valores positivos. Con Pimentel a la cabeza las relaciones con los gobernadores de turno son complicadas y la inversión estatal va a ser muy baja. Es necesario invertir en las divisiones menores para sacar buenos jugadores y Pimentel ya demostró que su trabajo en este tema es nulo. Eduardo debe entender que él se está convirtiendo en una persona nociva para el fútbol boyacense.