Negro de mierda

02/2/2018

A Jefferson Lerma tendrían que darle un premio honorífico: “El Hombre más Paciente del Mundo”. El repugnante episodio que sufrió con Iago Aspas es el segundo de carácter racista que sufre desde que llegó a España. Es muy bonito decir que el racismo, el machismo o la homofobia ya no existen, o que son condenados socialmente. Es hermoso. Sin embargo, lo que vemos en la vida cotidiana y en el espacio público de cualquier país occidental es una cosa muy distinta.

Siglos de racismo, marginación, sublevación y discriminación no desaparecen del subconsciente de la gente de la noche a la mañana. Menos en España, en donde dicha ‘lacra’ está enraizada en la cultura de del país. Confío y espero que esas ‘frasecitas’ que se le ‘escaparon’ a Iago Aspas hayan sido por la ‘calentura del momento’. Espero que esa célebre mentalidad racista, ultraderechista, homofóbica, conservadora, religiosa y neonazi no esté presente en la cabeza de tan talentoso delantero.

Yo creo en la buena fe del ser humano. Quiero creer que Aspas es de esos ‘tipazos’ que se lleva de maravilla con cualquier persona sin importar su etnia o religión. Quiero creer que esas palabras que le dijo a Lerma no las siente realmente. Quiero creer que Aspas no es un ‘facho repulsivo’ que, en pleno siglo XXI, juzga el valor de la gente por el color de su piel. Quiero creer que se trató de un caso aislado en la vida de este hombre y lo primero que hizo al llegar a su casa fue mirarse al espejo y decir: “Joder, ¿por qué dije esas mierdas? Está mal decir esto”.

En caso de que así haya sido, eso no significa que merezca zafar de una sanción, ni que sea menos reprochable lo que hizo. Incluso si Aspas es una ‘flor’ de persona, este episodio es una muestra de que absolutamente todos (incluidos los lectores de esta columna) sufrimos de una cosa llamada racismo interiorizado. Lo sufrimos porque la discriminación racial es una cosa sistemática, grabada inconscientemente en la mente de los individuos. Es innegable que todos (hasta los propios afros) hemos tenido alguna vez actitudes racistas. O se nos han escapados chistes o comentarios de este tipo. O vamos caminando a la mitad de la noche, vemos a un negro con una camiseta de los Celtics y nos cambiamos de acera. Si es así, no se sienta mal, querido lector, usted solo sigue lo que dicta el sistema. El problema es cuando usted se apega a esa mentalidad y se niega a dejarla, a deconstruirse, a aceptar que eso está mal.

En todos los colegios en los que estuve en mi infancia, sufrí de burlas y ridiculizaciones por tener mi piel un par de tonos más oscura que el promedio (porque no, es que ni siquiera soy afrodescendiente). Imagínese usted la escena de dos niños con rostro de muisca burlándose de uno que tiene la piel un poco (enfatizo, un poco) más oscura que ellos. La escena es tan chocante como hilarante. A eso hemos llegado. A un desprecio, ya no sólo por lo afro, sino por todo lo aborigen, por todo a lo que no sea blanco, ‘pulcro’ y rubio.

La naturalización del racismo, la cual está presente en chistes, en costumbres y hasta en el propio lenguaje (todos señalamos a un negro por su color de piel), es lo que hace que esta ‘lacra’ sea tan difícil de erradicar. Por un lado, puede que Aspas sea, en su vida privada, el típico machote ibérico que no deja salir a la novia sola, que ve a los negros como inferiores y que cree que el franquismo era mejor. Por otro, puede ser que Aspas simplemente sea un buen muchacho que a veces ‘le da’ por tener actitudes racistas, completamente interiorizadas, y que no ha sido capaz de deconstruir. Al igual que todos los que estamos acá, incluyéndome.

Pero, al fin y al cabo, ni siquiera es culpa del propio Aspas (o quizás sí, pero no toda). Dicen que la educación es la cura de todos los males. Pero en temas raciales, ésta aún tiene varios peldaños por escalar. Por otra parte, preocupan que entes como La Liga o la RFEF sean tan pasivos ante situaciones como ésta. Cuando en septiembre, Daniel Carvajal llamó a Lerma “puto mono de mierda”, nadie movió un dedo para que el lateral pagara por tales palabras. No creo que con Aspas la historia sea muy distinta con dicho antecedente.

A Lerma sólo me queda mandarle palabras de solidaridad y ánimo. A Aspas sólo me queda mandarle un ‘calvazo’ virtual. Y a los padres de familia que lean esto, sólo me queda decirles que no permitan que sus hijos o hijas naturalicen expresiones o actitudes racistas. Ni se queden pasivos ante situaciones de marginación estructurales (como la paupérrima representación de gente negra en puestos de relevancia en occidente). A los afrodescendientes, dense a respetar y ayuden a sus colegas a sacar a patadas al ‘Trump interior’ que todos tenemos.


Carlos Cifuentes [@caredcifuentes]