Los zapatos de Trump

06/15/2018
Andrés Aranguren

Escrito por: Andrés Aranguren

Botines, guayos, chispunes. O simplemente zapatos con tacos para jugar al fútbol. Los hay negros, blancos, rosados, verdes. Son lisos, con chulos, con rayas y con dibujos. Las marcas deportivas los personalizan para que sus máximas figuras se sientan cómodos y para que las personas del común se puedan sentir, aunque sea por 90 minutos, jugadores profesionales.

Adidas le hacía zapatos a Riquelme sin lengueta. El volante argentino los usaba así para tener mayor contacto con el balón y obtener una pegada más precisa. Nike le hizo a Ronaldo los R9, a Ronaldinho le entregó los R10. Puma acompañó a Maradona en el mejor gol del siglo. Messi fue de los norteamericanos en sus inicios, pero los alemanes se lo llevaron para sus huestes cuando empezó a despuntar. Los zapatos ahora son especializados. Hay unos para jugadores rápidos, otros para jugadores de buena pegada, otros para jugadores de buen pase.

En publicidad se gastan millones de dólares. Los comerciales con ídolos mundiales emocionan a propios y extraños. Las vitrinas de los centros comerciales lucen limpias, cuidadas y los botines son los consentidos. Los niños de bajos recursos no los conocen. Ellos juegan descalzos sobre la tierra, el cemento, la arena playera y el barro resbaloso. Si tienen suerte y llegan a jugar en algún club podrán tocarlos, si reproducen la pobreza sus hijos también serán excluidos.

Donald Trump se los amarraba cuando jugaba para la Academia Militar. El empresario, presidente, actor y presentador de realities fue jugador de fútbol en New York. Conoce, por experiencia, la importancia de los botines para el desarrollo del futbolista. Cuando uno compra unos nuevos se siente raro, juega mal, el balón le rebota y los remates salen desviados. Los guayos, como los amigos, necesitan tiempo para conocerse.

Irán debutará ante Marruecos y la historia contará que una marca le prohibió jugar con sus productos. Sin importar que esos sean los zapatos cómplices de algunos de sus jugadores. Muchos tuvieron que salir a los centros comerciales de Rusia a comprar unos nuevos. Otros llamaron a compañeros de club para que les prestaran un par. Nike, la marca que obligó jugar a Ronaldo  la final del Mundial en 1998, ahora prohíbe a los iraníes a usar sus herramientas de trabajo.

Estados Unidos abandonó en mayo pasado el acuerdo nuclear firmado en la administración Obama. Donald Trump, el exfutbolista y ahora presidente, anunció que iba a retomar las sanciones contra el gobierno de Irán. Nike, empresa norteamericana, le hace la venía a la discriminación y la exclusión y se suma a estas sanciones. Los jugadores de Irán, trabajadores de la pelota, artistas de la gambeta tendrán que jugar contra Marruecos, España, Portugal y las políticas racistas.