Leonardo Jardim: más con menos

05/3/2017

Cuando Leonardo Jardim aterrizó en el Principado de Mónaco, debemos confesar que vimos su llegada con escepticismo al no tener un nombre rutilante.  Inmediatamente nos pusimos a navegar para indagar un poco más de aquel desconocido y realmente nuestra primera conclusión no cambio en demasía con un técnico en cuyo palmares no figuraba ningún título; sólo segundos o terceros puestos y un lejano ascenso por allá en la 2009/2011 de un Beira Mar que se instalaba en la primera división de Portugal.  Lo más cercano que estuvo de la gloria fue en la 2012/2013 cuando tenía al Olimpiacos de Grecia en el primer lugar pero fue despedido sin razón alguna.

Jardim llegó a un proyecto inicialmente ambicioso liderado por el magnate ruso Dimitry Rybolovlev, un plan que se fue desinflando progresivamente con las salidas de jugadores como James Rodríguez o Radamel Falcao, mientras no llegaban sustitutos a la altura.  El propio Jardim se quejó públicamente de esta situación a inicios de la temporada, cuando el equipo entró en una racha de resultados negativos que le dejó al borde del precipicio.  El Jardinismo se demoró en tomar forma, los resultados no llegaban y el elenco del principado venía de un periodo con Ranieri en el que le había disputado el título de la Ligue 1 al PSG hasta prácticamente la finalización del curso y las sensaciones del equipo eran muy buenas de cara a la siguiente etapa. Sorprendentemente, el técnico que peleó título y ascendió de nuevo al club a la máxima categoría era licenciado mientras se contrataba a un técnico portugués de raíces venezolanas, joven, innovador pero con poca experiencia manejando vestuarios fastuosos y proyectos realmente ambiciosos.

Los malos resultados de comienzo de temporada eran la consecuencia del cambio acelerado que deseaba implantar el luso. Intentaba revolucionar de forma inmediata el juego del equipo, pasando del repliegue intenso y el juego aburrido tan resultadista de Ranieri, a procurar hacerlo con un once en el que predominaba la posesión de la pelota y realizaba cambios constantemente en ataque. El punto de quiebre llegó en la eliminatoria de Champions 14/15 ante el Arsenal en el Emirates. El entrenador cambió el esquema táctico del 4-3-3 a un 4-2-3-1; con Berbatov como punta aterrizando balones, dos puñales por los costados como Martial – Carrasco y sacó a Fabinho de la banda para enviarlo como mediocentro donde se erigió como un pivote descomunal junto a Bakayoko (la base del Mónaco actual).  La trama de la película dio un giro espectacular.

La temporada pasada no fue la mejor del Mónaco de Jardim, pero sí fue una de transición hacia el Mónaco actual.  El equipo dejó atrás el derroche y arropo la estrategia de Porto o Dortmund, con una especial dedicación a los jóvenes mientras emigraban otros como Martial al United, Carrasco al Atlético de Madrid, Kondogbia al Inter o Kurzawa al PSG.  Es cierto que Jardim ya dejaba un poco más atrás el Mónaco aburrido (que no enamoraba pero que era eficaz), pero todavía le faltaba algo para ser un cuadro completo y muy ofensivo; fue cuando ante la salida de Berbatov y el fracaso Vagner Love, dio su aval para que se repescara a Falcao, su idea de confiar en los jóvenes junto a veteranos ya probados en el fuego, fabricaron un conjunto sin fisuras a la hora de afrontar partidos de calibre muy alto.  La fórmula aun funciona.

El equipo pasó de replegarse a convertirse en una máquina de hacer goles y de estar en campo contrario, es una banda que puede matar a la contra con la velocidad de Mbappe o por el contrario, administrar posesiones con resultado a favor a través de Bernardo Silva; actualmente el líder de la Ligue 1 es un conjunto tan ofensivo que prioriza marcar goles a quedarse atascado atrás y esa vertiginosidad se vio claramente reflejada contra el City y Dortmund.  Estamos ante un conjunto más equilibrado, con grandes ráfagas de gol.  Algo imposible de creer dos años atrás.

Ahora, Jardim reparte sonrisas por todo el Principado. Es su magia, que hoy brinda con confetis y serpentinas por la gesta de haberse metido ya en semifinales, una proeza de un onceno que ha emergido en esta Champions como un fulgurante cometa con un director técnico al que muchos atribuyen este milagro de autor.  El llegar tan lejos en una competición tan hermosa, como despiadada, tiene el sello de un técnico que fraguó su carrera en clubes a los que elevó a un nivel muy superior al que, en principio, indicaba su presupuesto. Un hombre acostumbrado a conseguir más con menos. Un hombre que ya para nosotros, es el mejor técnico de la temporada.