La última cena de Perú

10/8/2017

Los viejos siempre hablan del Perú de los años 70’s y 80’s. En particular mencionan a Héctor Chumpitaz, Teófilo Cubillas, César Cueto, Guillermo la Rosa, Juan Carlos Oblitas o Hugo ‘El cholo’ Sotil. Nosotros, los más jóvenes no tuvimos la oportunidad de ver esa camada; conocimos a una selección peruana con talento, pero que nunca pudo estar al nivel de los mejores de Sudamérica.

Juan Vargas tenía una pegada exquisita, con su zurda enamoró a los hinchas de la Fiorentina; Nolberto Solano tenía una gran inteligencia para liderar el medio campo y eso lo hizo jugar en el máximo nivel europeo durante 10 temporadas; Roberto ‘El Chorrichano’ Palacios tenía una excelsa capacidad técnica con la que brilló en la canchas del fútbol mexicano; y Claudio Pizarro era un depredador del área, un amigo íntimo del gol. Pero eso no fue suficiente para pelear, aunque fuera, el repechaje. Perú siempre quedaba rezagado en las eliminatorias y su lucha era con Bolivia o Venezuela por no quedar último en la tabla de posiciones.

Hasta que llegó Sergio Markarián. El técnico uruguayo le dio proteinas a los incas y en la Copa América de 2011 mostraron todo su potencial. En cuartos de final eliminaron a la selección Colombia, que contaba con la base que a la postre fue revelación en Brasil 2014, y en semifinales cayeron con Uruguay. El tercer lugar lo ganaron ante Venezuela y se instauraron como una de las revelaciones del torneo que se jugó en Argentina. Parecía que Markarián tenía la receta mágica para devolverlos a un mundial, pero el sueño se volvió a apagar.

Los dioses del fútbol han bendecido al jugador sudamericano, y en específico al andino, con sabor que no tienen en otras latitudes. Los peruanos son jugadores pequeños, rápidos, inteligentes y ricos ecnicamente. Pero fueron castigados con el ingrediente de la indisciplina. No pudieron dejar de lado los viejos vicios y el ciclo Markarián se cortó en las eliminatorias a Brasil. El técnico se fue en 2013 y Perú quedó al final de la nevera, séptimo en la clasificación final sólo por encima de Bolivia y Paraguay.

El cambio de dirigencia en 2015 le devolvió una pequeña luz de esperanza. En el fútbol las revanchas están a la vuelta de la esquina y volvieron a confiar en un técnico del sur para continuar con la mano rioplatense. Ricardo Gareca fue el elegido para alimentar la ilusión de un desnutrido fútbol peruano escaso de disciplina, constancia y renovación.

Su proceso comenzó con la Copa América de 2015 y quedó tercero. Su actuación ilusionaba, pero no era prenda de confianza. En la Copa del 2011 quedaron en la misma posición, y en las eliminatorias se desinflaron. En las primeras fechas del camino a Rusia su desempeño fue malo. Perdió ante Colombia, Chile, Brasil y Uruguay; le ganó a Paraguay; y empató con el colero Venezuela (4 puntos de 18 posibles). Parecía que el ciclo Gareca iba a ser un nuevo sinsabor.

Pero en la Copa América Centenario encontró las vitaminas para seguir con vida. Raúl Ruidíaz, Christian Cueva y Edison Flores fueron los complementos perfectos para los experimentados Yotún y Guerrero. Perú encontró el cocinero y los ingredientes para corregir el andar en las eliminatorias.

Luego de los puntos ganados ante Bolivia en el escritorio todo fue felicidad para la rojiblanca. El Tigre supo administrar el talento incaico y contener mentalmente a sus figuras. Lejos de las borracheras del pasado, lograron cocinar buenos platos futbolísticos. Victorias ante Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador, le devolvieron el apetito mundialista.

Hoy Perú está ante una oportunidad única en su historia. Luego de 36 años puede volver a un Mundial y tiene el ceviche sobre la mesa para devorarlo e irse a la fiesta. Rusia lo espera y sus viejas glorias añoran con volver a ver a la banda cruzada entonar el himno en una cita mundialista. Esta puede ser la última oportunidad que tienen.