La elegancia no es sólo ‘marca’ europea

03/20/2017

Hace 15 años los equipos colombianos no eran candidatos a ganar un título internacional (salvo el caso peculiar de Once Caldas). Nuestro fútbol se reducía a tirar pelotazos hasta el área contraria con la idea de incitar un error en el contrario. No existía este afán de manejar el balón, los esquemas eran desordenados y no había una identidad en los clubes.

En la primera década del 2.000, creíamos que el fútbol colombiano no iba a progresar. En Europa no había muchos jugadores destacados y nadie ponía los ojos en el futbolista criollo y los únicos triunfos reconocidos de aquella época fueron la Copa América del 2001 (atípica) y la Copa Libertadores, conseguida por Once Caldas en el 2004. Mientras tanto, veíamos como Argentina y Brasil seguían siendo potencias; Paraguay y Chile estaban mostrando cosas; y nuestro fútbol, tenía un progreso lento con el que no alcanzábamos a ilusionarnos.

Volvimos a ser relevantes en el continente a finales de la década. Un equipo colombiano estaba en semifinales de un torneo internacional: el Millonarios de Mario Vanemerak, pero con el sello de Juan Carlos Osorio, promotor del estilo de juego que hoy manda en el fútbol colombiano. La salida con toque desde atrás, comenzando por el arquero, pasando por los defensas, siguiendo con los volantes y terminando con los delanteros, empezaba a dar sus frutos y a mostrar la revolución del Fútbol Profesional Colombiano.

Osorio, siguió perfeccionando su estilo en Estados Unidos (Chicaco Fire y New York), México (Puebla) y llegó al Atlético Nacional, a poner en práctica todo su conocimiento y a desarrollar su forma de jugar. La cosecha de títulos (6) con el verde de Antioquía la logró con un esquema de línea de 3, potenciando a diferentes jugadores en una posición que no era natural en ellos y volviéndose un ejemplo para los equipos con menos pergaminos en nuestro fútbol. A pesar de que no lograra ganar un título internacional para Colombia; se volvía a tener en el radar del continente a los equipos nacionales.

El buen nivel de los clubes en los torneos internacionales después del 2012, se completó con la clasificación de Colombia al Mundial de Brasil 2014 (luego de 24 años sin ir a la cita mundialista). Santa Fe, al mando de Wilson Gutiérrez, mostraba la recompensa de seguir los pasos del sistema de elegancia. Esta identidad, de jugar desde el arquero y buscando los espacios, logrando impregnar el ADN del toque desde atrás, sin importar el lugar, ni el rival, le certificó quedar en semifinales de la Copa Libertadores 2013. Luego, con una estructura determinada el cuadro cardenal quedó campeón de la Copa Suramericana de 2015 al mando de Gerardo Pelusso.

Participaciones como las de Junior y Medellín en la Sudamericana 2016, mostraron la relevancia de los equipos colombianos. De este modo, los clubes que podríamos considerar ‘chicos’, se acoplaron a este sistema de fútbol elegante y hoy es posible ver un partido entre Equidad y Cortuluá con estructuras más completas y con la idea de manejar el balón desde atrás.

El sistema de juego de Juan Carlos Osorio puede no ser del agrado para muchos fanáticos del fútbol, pero es innegable que su idea tiene una identidad de juego y que hoy hasta el equipo con menos recursos logra mostrar ese estilo elegante que nos apasiona, que vuelve mágico el fútbol. Después de todo, como dice el escritor Juan Villoro, “los estadios existen para jugar a la magia”.

Por:

Óscar Felipe Lozano [ @Oscarfloz ]

Mateo Zuluaga [ @mateo0396 ]