Futbolistas, trabajadores comunes y corrientes

07/20/2017
PaseAlVacio

Escrito por: PaseAlVacio

Puedo asegurar que el 80% de los hombres en el mundo sueñan, o soñaron, con ser futbolistas profesionales. Por no tener apoyo familiar, no tener constancia, no desarrollar la habilidad, no conseguir un representante aceptable o por preferir otra profesión más duradera desligada al rendimiento físico, la mayoría dentro de ese porcentaje solo se dedica a ver fútbol por televisión durante la semana y juega de manera amateur. Ojo, cada vez hay más mujeres que quieren dedicarse al fútbol, pero históricamente es una pasión más vinculada a los varones.

Llegar al profesionalismo, cualquiera sea la división, no fue, ni es fácil para nadie. Dedicación, constancia, perseverancia, y a veces la ayuda de un representante, te puede poner en el profesionalismo. La vida de rey no es para todos; si bien los salarios cada vez son más altos, hay miles de jugadores que cobran menos que un docente. Y ahí está la cuestión, casi ninguno realiza un estudio, aunque sea terciario, a la par de su vida futbolística. Una vez que el jugador no salvado económicamente se retira, tiene dos opciones: hacer el curso de DT o meterse en algún programa deportivo, ocupando el lugar por el cual muchos periodistas estudiaron durante años. De no vincularse a algo así, el futbolista retirado deberá dedicarse el resto de su vida a algo que no le apetezca demasiado.

Muchos exjugadores, como Oscar Ruggeri, dicen que el futbolista una vez que se hace profesional debe jugar donde le paguen mejor, ya que acabada la carrera nadie les da ni la hora y se les hace complejo conseguir, por ejemplo, una buena obra social; situación por la que pasan algunos que fueron campeones del mundo en el 86’ con Argentina. Ese punto de vista es raro en futboleros que nunca fueron profesionales. Es algo que les parece difícil de aceptar: el futbolista es un empleado, un trabajador más.

Cada vez que un jugador reconocido pasa a jugar para su clásico rival, es un escándalo, y me animo a decir que pasó miles de veces (sin tener la estadística). Cuando Mario Götze pasó del Borussia Dortmund al Bayern Münich, los hinchas tacharon su apellido de las camisetas y lo cambiaron por ‘Judas’, aquel que según la Biblia traicionó a Jesús. En los 80´s, cuando Oscar Ruggeri pasó de Boca a River, le prendieron fuego a su casa. Lo que distingue al jugador profesional del amateur o aficionado es justamente eso, que es profesional. Como cualquier empleado con o sin estudios: trabajará para la organización que más le pague, o bien, para la que mejores condiciones de vida le dé.

Todo futbolista quiere gloria deportiva, pero cuando empiezan a comprender lo que es la vida, prestan mucha atención al dinero; sino, nadie iría a la MLS o a la Superliga China. Si es un jugador millonario se puede llegar a entender la crítica, pero no son tantos los jugadores que en plena carrera saben que tendrán una vida decente sin tener que volver a trabajar post-retiro. Carlos Tévez dijo en su retorno a Boca: “El dinero no compra la felicidad”; al año y medio se fue a jugar a China, por un salario elevadísimo, a pesar de que cobró millones de libras esterlinas casi una década entera. La frase lo dejó marcado, pero si bien el dinero no compra la felicidad, da seguridad.

Por optar por la seguridad económica, que te da la chance de tener mejores condiciones de vida, los llaman mercenarios y los insultan de las maneras más exageradas e hirientes en las redes sociales o en la calle, pero en definitiva la gente tiene que entender que los futbolistas son trabajadores comunes y corrientes.


Ignacio Morales [@_ignaciomorales]