Fenómeno único

07/14/2018
Andrés Aranguren

Escrito por: Andrés Aranguren

El Mundial de fútbol de la FIFA es el acontecimiento más importante de la edad moderna. Ningún otro evento reúne la atención de la población global como el que se realiza cada cuatro años. Los 64 partidos de Rusia 2018 fueron seguidos por más de 3.500 millones de personas en todos los países del globo terráqueo.

El fútbol ha sabido instaurarse en la sociedad mejor que cualquier otro invento humano. El deporte rey ha sido amigo de todos los medios de comunicación y ha encontrado en ellos los socios perfectos para su difusión. Nació con el ferrocarril inglés, dio sus primeros pasos con la radio, en la adolescencia estuvo acompañado por la televisión (primero en blanco y negro y luego a color) y ha llegado a la madurez con Internet y las redes sociales.

La alegría del gol marcado o la tristeza por la eliminación son los sentimientos que nos unen como ciudadanos del mundo. No existe país que se resista a disfrutar y a sufrir con la fantasía que dibujan veintidós jugadores. El fenómeno de masas más trascendental de la historia es más planetario que la democracia, la religión católica o la economía de mercado. La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) con 203 federaciones asociadas tiene más miembros que la Organización de Naciones Unidas (ONU) que cuenta con 193 países.

Además, el fútbol es un objeto interdisciplinario. Lo estudian economistas, sociólogos, politólogos, comunicadores e historiadores. Los campeonatos mundiales producen aumentos en la venta de televisores, de paquetes turísticos y de indumentaria deportiva. Pero también desatan convenciones académicas como la que se desarrolló en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) titulada “I Congreso Interuniversitario. Pensar el fútbol: Desde el aula, la cancha y la grada”.

En Rusia fueron más de 65.000 las entradas compradas por colombianos. Los latinoamericanos encabezaron la venta de tiquetes, pero en la sede del vigésimo primer campeonato también desfilaron islandeses, egipcios, iraníes y japoneses. El mundial de fútbol permite ver la cultura de países tan diferentes que no pueden convivir en la ‘vida real’. Es el estadio en el que pueden estar todas las religiones, los colores políticos y las formas de interpretar la realidad.

La fiesta universal del fútbol es de todos, a pesar de que sus celebraciones están reservadas para pocos. El mundial va a ser transmitido por más de 100 canales de televisión, pero sólo han sido 17 los territorios que han tenido el privilegio de tenerlo en sus estadios y sólo 8 países han sido coronados como campeones del mundo.

El césped verde y cuidado rigurosamente de los estadios rusos fue pisado por el jugador más caro de la historia, el brasileño Neymar, pero también por jugadores semiamateurs como los de la liga islandesa.

En Rusia escucharon el himno de su país 16 jugadores multimillonarios del Manchester City, 15 del Real Madrid y 14 del Barcelona, pero también hubo un futbolista de Águilas Doradas de Rionegro (Johny Acosta de Costa Rica) y un panameño del Atlético Bucaramanga (Gabriel Gómez). Este es el único torneo en el que se tocan los jugadores ricos y populares con los modestos y desconocidos.  

El Mundial es un torneo mágico porque no importan las chequeras de los dueños. El campo de juego es una multinacional que deja millones de dólares en ganancias, pero ha logrado sobrevivir al capitalismo: dentro del campo son once contra once en cancha neutral. En el Mundial no importa cuánto ganas en tu club o cuánto recibes por campañas publicitarias, sino logras armar un equipo con tus connacionales no podrás ser considerado ‘el rey’ o ‘dios’.