El rugido del león

07/15/2017

Corría el minuto 69 de partido y el estadio Nemesio Camacho ‘El Campín’ se empezaba a impacientar. El electrónico marcaba 0-0 y el resultado global empate a 1. Santa Fe luchaba por conseguir la tan anhelada séptima estrella y Pasto aguantaba para coronarse por segunda vez como máximo monarca del fútbol colombiano.

Wilson Gutiérrez, vestido de traje aquella noche, movía sus fichas en busca de la gloria. Sacaba a Yulián Anchico y mandaba al campo al número 70, Edwin Cardona. Y esa sustitución iba a cambiar la historia para siempre. Pasto intentaba salir con su lateral izquierdo, Juan Carlos Mosquera, pero él cometía un error infantil, una desatención: jugaba el balón hacía el medio y ahí perdía la posesión.

‘El Gordo’, que acaba de ingresar, recuperaba el esférico, daba un par de vueltas y al final conseguía que Edwards Jiménez le cometiera falta. El estadio, pintado de rojo, se emocionaba y empezaba a cantar el “porro popo, porro popo, el que no salte, no es del león”. Omar Pérez, amo y señor de la pelota quieta en el cuadro cardenal, se acercaba al lugar de la infracción para realizar el cobro. A su lado y como dos ráfagas pasaban Julián Quiñonez -autor del gol en Pasto- y Francisco Meza. En el área ya esperaban Diego Aroldo Cabrera y Jonathan Copete.

El lanzamiento de Omar, quien ponía cara de concentrado, de serio, de jefe, de voy a hacer algo importante, se demoraría unos segundos más. La ansiedad de los asistentes al coloso de la 57 se desfogaba en forma de cantos. Ahora sí, Omar tomaba carrera para cobrar, pero no. Todavía no desenfunda el derechazo, era sólo un amague para despistar al enemigo. Volvía a tomar carrera y esta vez sí le pegaba al balón.

Las vallas electrónicas de publicidad pasaban a “Servientrega Centro de Soluciones”. El balón marca Golty volaba lentamente por el cielo capitalino. El tiempo parecía congelado. El tiro del 10 era un misil teledirigido que tenía como destino la cabeza de Jonathan Copete. El número 19 miraba al balón de reojo, a su marcador ya no lo observaba, se le había escapado y lo tenía lejos. El león se levantaba en el área chica y le cambiaba la trayectoria al balón. José Fernando Cuadrado, arquero del equipo pastuso, se quedaba anonadado, atornillado en el césped, pálido, perplejo. El único movimiento que hizo fue el de darse vuelta para mirar como la valla del arco norte de ‘El Campín’ se inflaba.

El rugido atravesado en la garganta de los santafereños durante 37 años salía para unirse en un desahogo. Todo el estadio se unía en un “¡GOOOL!” que haría temblar a todo el altiplano cundiboyacense. Sabían que la historia ya estaba de su lado y que iban a salir campeones como la primera vez.