El resultado no es lo único que importa

02/5/2018
Carlos Andrés Barona

Escrito por: Carlos Andrés Barona

Se vuelve recurrente escuchar por parte de jugadores y entrenadores, frases como: “Lo único que me importa es el resultado”, “solo me interesa ganar” y frases similares que no solo son falsas, sino que el hincha termina por aceptarlas y las replica cada vez que puede.

Cuando un entrenador dice: “Solo me interesa ganar, el juego no me importa”, está hablando en contra de su propia profesión, de su labor como entrenador, su tarea como docente. ¿Con qué se queda cuando pierde? ¿Cómo trabaja en la semana para mejorar? No se puede hablar con tanto desprecio por el juego, sin admitir ningún tipo de análisis, sin buscar una respuesta diferente al resultado. El juego se entrena, no se entrena el resultado, el entrenador no está en el banco durante los partidos con un control eligiendo cuando va a ganar, cuando no, y cuanto va a ser el marcador. Se entrena para jugar y para ganarle al rival. Con ese tipo de frases dan a entender que tienen todas las formulas y todos los secretos para ganar y no es así. El resultado depende de imponderables que el entrenador no puede controlar: un autogol, una expulsión, un rebote que le queda al 9 rival ¿Cómo se entrena eso?

Es irrespetuoso con el rival, que un jugador o un entrenador diga que sólo le interesa ganar. ¿Acaso el rival no quiere ganar? ¿Juega para perder? Todos quieren ganar. El problema, es que este tipo de frases caen mejor en la gente. Él que las dice obtiene mucha aceptación porque se vende como práctico, como pragmático, y el que las escucha que también quiere ganar, compra el discurso y la idea de desprestigiar el juego resumiéndolo en un resultado.

Hablar en términos de 'ganar como sea' evita y elude cualquier tipo de análisis o de discusión, porque el que gana sirve y el que pierde no sirve para nada, independientemente de como haya sido el desarrollo (un travesaño te quita un título).  Se habla de fracaso con una liviandad asombrosa, si gano soy el mejor, pero si pierdo no sirvo. Bajo esos parámetros resultadistas se mide este deporte hoy. Ganar como sea, es una idea absolutista, no importan los medios, las formas, no importa si sobrepaso limites éticos o si soy desleal. Otra frase que no sé de donde habrá salido es: “las finales y los clásicos se ganan, no se juegan”. Independientemente de la importancia, todos los partidos se juegan, antes de ganarlos. El hecho de que sea un clásico o una final, no puede llevarnos a dejar de lado el desarrollo de un partido, que está condicionado por improbables. Este tipo de partidos, como todos los demás, no son como se dice generalmente, para dejar la vida, para correr, para tenerlos bien puestos, para matarse por ganar, porque a pesar de la importancia que tenga sigue siendo fútbol: un espectáculo deportivo, no la guerra.

El fútbol es un deporte para pensar, para ser inteligente, no se gana como sea, y no trato de ser lírico o romántico con lo que digo, pero sea el partido que se juegue, hay que pensar. El delantero cuando está al frente del portero no le pega a donde sea, sino acomoda el cuerpo de determinada forma, impacta la bola con cierta fuerza, la ubica lejos del arquero. El volante de recuperación cuando tiene la pelota en los pies, no se la da a cualquiera, piensa a quien se la va a dar, si juega en corto o en largo, como hace la cobertura cuando el lateral sube a atacar, es decir, piensa en lo que va a hacer.

Por supuesto que el resultado es importante, pero no se puede separar de la forma en que se hace, el juego del resultado. Los entrenadores y los jugadores durante la semana, entrenan el juego, por eso es que frases como las que mencioné anteriormente, no deberían tener tanta acogida en el hincha como parecen tener. Los entrenadores transmiten una idea, pero el fútbol es de los jugadores, todo nace y muere en ellos.