El problema no es sólo el técnico

12/22/2017
José Cortés

Escrito por: José Cortés

No voy a defender a Lillo. Sus meses al mando de Nacional son indefendibles. Tampoco voy a negar su conocimiento de fútbol, es un teórico muy admirado y que entiende este deporte como pocos. Lastimosamente no es una persona que sepa transmitir ese conocimiento, o por lo menos, no ha sido capaz de hacerlo.

Sus resultados como entrenador no han sido buenos, nunca ha logrado títulos y no es reconocido en el mundo por el desempeño en el banquillo. Su último gran descalabro es Nacional, el equipo que venía dominando en Colombia y que fue eliminado de la Liga por Tolima y de la Copa por Patriotas. Las eliminaciones siempre duelen, pero le ha dolido más a la hinchada el juego opaco y lleno de dudas, débil y sin mostrar la superioridad esperada cayendo ante equipos que son más debiles.

Insisto que no voy a defender a Lillo, pero esto va más allá de la evaluación que podamos hacer de un director técnico en tan poco tiempo. El nombramiento del español es apenas un error en una serie de traspíes cometidos por Atlético Nacional, pero no es la mayor equivocación, como un gran sector de la prensa y la hinchada lo quieren hacer ver. Culparlo a él es dejar por fuera a muchos protagonistas que pasan hoy de agache y que son responsables del momento por el qué pasa uno de los mejores equipos del país. Directivos, cuerpo técnico, jugadores e hinchada tienen responsabilidades.

Desde la caída con Kashima, Nacional no ha sido el mismo. Esa derrota ha sido algo que el equipo no pudo asumir y que lo llevó a cometer errores. A pesar del campeonato de 2017, Nacional tuvo un primer semestre para el olvido quedando eliminado de la Copa Libertadores, en primera ronda, y sin cupo a la Sudamericana. Otro golpe, que dejó por el piso a jugadores y cuerpo técnico. Para acabar de completar, los problemas internos, las salidas de jugadores y directivos, los malos fichajes y los bajos niveles individuales terminaron de enterrar al equipo. Y todos son culpables, porque todos tienen que ver en lo sucedido. Echarle la culpa al actual cuerpo técnico, es la salida más fácil. Y también la más peligrosa.

La directiva se equivocó en el manejo que le dio a la salida del Presidente y a la salida de Reinaldo Rueda. Dejar que los chismes inundaran el entorno inició el divorcio con la hinchada. No contar la verdad (no es obligación, pero hubiera sido lo mejor) alejó a la gente y casi que la puso en contra de cualquier decisión que se tomara. Sumémosle el nombramiento de  Andrés Botero, con pasado cuestionable y más parecido a un político aprovechado que a un presidente de club. Rueda salió y nadie sabe porqué. El cuerpo técnico de Reinaldo también tiene cuota en el descalabro. No vamos a negar sus éxitos, pero tampoco podemos esconder lo mal que fichó para reemplazar a los que se fueron. Diría que casi ninguno de sus fichajes ha sido de nivel. Además, su derrota en Libertadores no puede ser negada. La campaña internacional en 2017 dependía de él, y también, fue un fracaso.

Los jugadores también tiene que ver. Tanto esos que prefirieron irse a ser suplentes en el extranjero como esos que hoy en Nacional no le metieron el liderazgo necesario para levantar. Salir a poner caras de tragedia en la última rueda de prensa no debe borrar que sólo Armani y Dayro mantuvieron el nivel necesario para jugar en Nacional. Ni Henríquez, ni Bocanegra, ni Arias, Aldo o Macnelly fueron importantes. Y en ellos recaía la responsabilidad de guiar a los jóvenes y no experimentados. También, los malos fichajes de Lillo allanaron el camino al fracaso.

El DT se casó con jugadores que no rendían y eso impactó en el bajo nivel del equipo. Y sumado a eso, sus palabras terminaron de alejar al hincha, hincha que también debió apoyar más. No es justo que después de tantas alegrías los seguidores de Nacional abandonaran al equipo. Estadio vacío y críticas (sí, son necesarias, pero no por eso se debe dejar de apoyar) también afectan al equipo. Jugar con tu hinchada en contra no es fácil, y eso se vició este semestre. Un equipo que nos dio tantas alegrías NO podía jugar con menos de 20 mil personas cada partido. Apoyar, así hubieran discrepancias, habría ayudado más al equipo.

El futuro se aclara con la llegada de Almirón, pero hay con que acompañarlo. La directiva debe retomar el camino, el cuerpo técnico debe mejorar los fichajes y la hinchada debe rodear al equipo. Cada uno por su lado, haría mucho daño y terminaría por hundir al ex campeón de América en una crisis más profunda.