El paciente

02/5/2018
PochAndres

Escrito por: PochAndres

Su peinado es extraño, irreverente, inquieto. Unas veces parece unas longanizas atadas. Saltan para la izquierda. Saltan para la derecha. Otras un micrófono alborotado. Cuándo Juan Guillermo Cuadrado acelera, sus pelos saltan hacia atrás como si se le fueran a caer.

Su fútbol, como su look, tuvo que evolucionar desde Necoclí, el pequeño pueblo en el que nació, hasta Turín, la ciudad europea donde encontró su lugar. Cuando tenía 13 años era pelado, flaco, escuálido, enano. Tocó las puertas del Deportivo Cali y el Atlético Bucaramanga, en Colombia, y de Boca Juniors, en Argentina; pero sus golpes no fueron lo suficientemente fuertes para ser escuchados y no pudo ganarse un puesto.

Nelson Gallego, su entrenador, siempre creyó en el talento de su pupilo y por eso lo adoptó como un hijo. Le dio de comer, para que fuera más fuerte y alto, lo vistió, lo cobijó bajo un techo, mientras su madre empacada bananos en Urabá, y fue su palabra la que pesó en 2008 para convencer a Juan José Peláez que lo dejará jugar en el Deportivo Independiente Medellín. Una temporada brillante bastó para convertirse en el mejor lateral derecho de la liga y para ser fichado desde Europa. El Udinese de Italia se convirtió en su nueva casa. Allá se llevó a su mamá y a su hermana. El ‘pelos locos’ es familiar, disciplinado, casero y no puede vivir sin su comida del Pacífico colombiano.

Luego de dos temporadas con la camiseta rayada del equipo de Udine se fue a jugar al Lecce y luego a la Fiorentina. Su fútbol deslumbraba a todos en la Serie A y en Colombia su alegría era parte fundamental del proceso Pekerman que llevó a ‘La Tricolor’ de nuevo a un mundial.

En 2015 el Chelsea, uno de los clubes más importantes de la actual Premier League, pagó 31 millones de euros y se convirtió en el jugador más caro de ese mercado invernal. Pero en Stamford Bridge, no encontró lugar. No era su momento para brillar. Tuvo que llenarse de paciencia y pasar 6 meses casi sin jugar hasta que apareció la Juventus de Turín que puso sus ojos en la rapidez, potencia, drible, gambeta y engaño del ‘pelos necios’.

En Italia se ganó un espacio en la banda derecha de la 'vecchia signora’. Juan Guillermo ya no es el lateral que debutó en Medellín, ni el delantero que marcaba goles de pibe en el Atlético Urabá; se convirtió en un jugador de ida y vuelta, de todo el campo, que ayuda a Higuaín, Dybala y Mandzukic en ataque y respalda a Chiellini, Kedhira y Barzagli en defensa.

De los potreros de tierra en Urabá gambeteó hasta el limpiecito Juventus Stadium. El colombiano llegó desde la guerra colombiana hasta la final de la Champions League, el torneo por clubes más importante del mundo, con una palabra como estandarte: la paciencia.