El obrero

05/10/2017

El mediocampista francés del Chelsea N’Golo Kanté fue elegido el mejor jugador de la Premier League por la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA, por sus siglas en inglés) y esta semana, fue nombrado como el jugador del año por los periodistas.

El francés de 26 años, recibió el reconocimiento por parte de la Asociación Británica de Periodistas de Fútbol por delante de su compañero Eden Hazard y del volante del Tottenham, Dele Alli.  Tras ganar bajo sorpresa de todo el mundo el título de campeón de la liga inglesa con el Leicester City la temporada pasada, Kanté se incorporó al Chelsea por un monto cercano a los 38 millones de euros y  se ha convertido en uno de los pilares del equipo dirigido por el italiano Antonio Conte, actual líder de la Premier League y que muy probablemente sea el campeón de esta temporada.

No todos los mediocentros son iguales, tenemos desde los defensivos como Casemiro, del Real Madrid, pasando por distribuidores como Sergio Busquets, del Barcelona, y terminando con los recuperadores como el propio N’Golo Kanté, en el Chelsea. La figura de los mediocentros ha tomado más relevancia después de la salida de Claude Makélélé del Real Madrid cuando Florentino Pérez no quiso mejorar su salario y el jugador entró en rebeldía; finalmente se marchó al Chelsea.  Makélélé era el encargado de mantener el entramado defensivo y el orden táctico del equipo blanco pero el presidente madridista no veía al volante incansable y disciplinado que despejaba con suficiencia el peligro sino a un morenito desconocido que no vendía camisetas.  Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y el blanco lloró lágrimas de sangre.

Nombres como los de Makélélé o Kanté no suelen aparecer en las crónicas deportivas de los periódicos, propensas a fijar su mirada en futbolistas deslumbrantes o en goleadores sobresalientes; ninguno de ellos es asiduo invitado a los apresurados resúmenes de televisión que suelen detener sus fugaces planos en los que visten de Frac pero no en los del overol.  Esta clase de hombres están incluidos en otra categoría de jugadores, oculta en el centro del rectángulo, empeñados en la noble tarea de poner fin a la posesión del rival e iniciar la jugada del propio equipo, siempre a la sombra de los nombres rimbombantes y hasta resultaría injusto reducir sus cualidades a las del clásico recuperador de balones.  Es cierto que pocos miden la distancia como Kanté, meten el pie con su precisión, cubren enormes espacios y los 90 minutos se le quedan cortos.  Al hombre de los tres pulmones parece que nunca se le acaba el oxígeno.

Entre tanto señorito virtuoso con salarios que bordean los 8 dígitos, lo del mediocampista francés es el triunfo de la clase obrera, el reconocimiento al sudor, el premio al que coloca el balón en la punta de la bota para que otros salgan en el telediario; un hombre que se ha hecho a punta de trabajo y que ha encajado en esa olla de egos que es el vestuario azul de Stamford Bridge.  Como han cambiado los tiempos desde que Florentino despreció a Makélélé, esta es la fecha iniciática del descalabro merengue, que desde aquel día persiguió sombras y trato de mantenerse, a golpe de talonario, en un imaginario estilo del que ya casi nadie se acuerda.  A falta de pan buenas son arepas, a falta de pretendidas querencias estilísticas bueno es el trabajo perseverante; en una época donde los medios veneran a los millonarios y magnifican los fantasistas, es imposible olvidar el corte de mangas que Makélélé le dio a Florentino como tampoco, el premio que el jornalero paciente les gano a los burgueses de la parte superior del campo.  Mucho más que merecido.