El fútbol está de luto

04/18/2017

 

La violencia y la muerte vuelven a tocar el deporte más hermoso del mundo. Un jugador de fútbol en Panamá y un hincha en Argentina fallecieron el fin de semana en una escala violenta que afecta al continente más desigual.

Amílcar Henriquez tenía 33 años y soñaba con llevar a su selección al primer mundial de fútbol. Había militado en Colombia defendiendo las camisetas del América de Cali, el Deportivo Independiente Medellín, el Atlético Huila, y el Real Cartagena y en 2016 volvió a su país para ponerse los cortos y la remera del Arabe Unido. Henriquez, volante y padre de tres hijos, nunca creyó que esta decisión terminará con su cuerpo lleno de balas en Colón, su ciudad natal.

Emanuel Balbo tenía 22 años y era hincha de Belgrano de Córdoba, uno de los clubes más emblemáticos de su ciudad. El pasado sábado fue con un amigo al Mario Alberto Kempes para presenciar el clásico de su amado equipo contra Talleres. En la tribuna popular Willington se volvió a encontrar con Óscar “Sapito” Gómez, asesino de su hermano Agustín, y este desencuentro terminó con una turba dándole golpes porque creían que era “gallina”, que era hincha de la “T”.

Dos muertes que enlutan al espectáculo más popular del continente y que nos hacen reflexionar hasta donde ha llegado la violencia en nuestras sociedades y como nos está afectando. El estadio de fútbol y nuestros barrios se volvieron un campos de guerra en los que te golpean, empujan, escupen por ser de otro equipo, o simplemente por sospechar. La violencia la estamos tomando tan natural y nos es tan común que los hinchas se están convirtiendo en asesinos. No sólo hablamos de barras bravas, los hinchas comunes se están convirtiendo en fuerzas policiales que se creen dueñas del territorio.

Panamá se va a quedar sin uno de sus futbolistas más importantes y una familia perdió a un padre, hijo y hermano por culpa de la intolerancia. Hoy ya no se puede jugar domino en tu ciudad natal porque no sabes en qué momento se baja un tipo de un coche y descarga un arma. Hoy ya no puedes ir a un estadio porque los dueños de la verdad te van a tirar de una tribuna sólo por pensar que eres del bando contrario.

La intolerancia está pudriendo nuestros jóvenes y los valores que debería promover el deporte están quedando eclipsados por sentimientos exacerbados de fanatismo y locura colectiva. El fútbol tiene que servir de salvavidas y de luz que ilumine el camino para cambiar las conductas de nuestros ciudadanos. Todos en este continente amamos el fútbol, hagamos respetar sus valores de respeto, solidaridad y hermandad y sembremos en nuestras hinchadas y familias la tolerancia y la racionalidad para no llorar la muerte de más futboleros. Qué los campos deportivos sean el primer espacio para cambiar nuestra sociedad.