El fiasco

06/6/2017
Carlos Avellaneda

Escrito por: Carlos Avellaneda

Detrás del peinado parejo de pertinaz monaguillo listo para la selfie, confundidos tras los dientes perfectos de su sonrisa, permanecieron las frustraciones y los cálculos de un ejercicio perdido. La sensación de la directiva roja de Manchester no es de desconsuelo, es de sentirse timados, de pensar a dónde se fue el decisivo volante que deslumbro en la Juventus y que fue cambiado en el avión de camino a Inglaterra.

Cuando logró la contratación de Paul Pogba, Mourinho hizo realidad una de las aspiraciones más extendidas de la afición red devil, nadie tuvo nada que objetar al fichaje de un futbolista avalado por los trofeos y las anotaciones más espectaculares la temporada anterior. El Golden Boy 2013 había conquistado todo en Italia con la Juventus de Turín, campeón de Serie A, Copa y Supercopa en el país de la pizza y a sus 24 años, se presumía que se hallaba en el momento ideal de la madurez. Pero la realidad choca con la ficción.

Cuando fichó por el Madrid, en 2001, Zinedine Zidane tardó tres meses en ponerse a la altura de su reputación y que el francés haya sido uno de los mejores jugadores de todos los tiempos contribuye a valorar el mensaje aleccionador de lo que se puede tardar un jugador en adaptarse a su nuevo entorno. Incluso los superdotados necesitan un tiempo de adaptación para acomodarse a su nueva realidad. Funcionó con Ronaldo, Robben, Cristiano y en todos los casos, estos jugadores recuperaron su mejor versión antes del ecuador de la primera temporada. Pero no funciona con el jugador más caro de todos los tiempos.  Se acabó el primer ejercicio y aun no se activa el turbo del número 6 del Manchester United. Las sensaciones no podían ser peores.

La teoría sobre el tiempo de adaptación de los jugadores en sus nuevos equipos a veces no es como se espera, pero por ejemplo, Mesut Özil no necesitó adaptarse para entrar rápido en la dinámica del Arsenal. Su primer partido, contra el Sunderland, fue el mejor y lo completó después de hacer un solo entrenamiento. Entonces, la primera conclusión que se decanta de esta situación es que cuando hay buenos jugadores para interpretar el juego el tiempo es relativo. Pogba no sabe cómo asumir la responsabilidad que le reclama Mourinho, el equipo está flaco de mediocampistas, necesita enganches, conductores, ese hombre que se echa el equipo al hombro. Es la misión que le encomiendan a Pogba, en la presunción de que tiene recursos para llevarla a cabo, pero el francés no consigue cumplir los requisitos mínimos. Casi siempre acaba chocando. No regatea, no amaga, no engaña. Le queda la potencia, el arranque, a eso se aferra con desesperación y cuando intenta el pase, su suerte fue la misma todo este 16/17: el contrario contragolpeó. El volante pierde muchos balones, demasiados para un futbolista encargado de orientar el ataque.

Paul Pogba es un jugador experimentado a pesar de su engañosa corta edad. Tiene 24 años y ganó un Mundial con 20. No es probable que le pesen los 120 millones de euros que costó su fichaje. Sin embargo, da síntomas de confusión y Mourinho tiene mucho trabajo por delante. El problema que tiene ante sí no pertenece al orden de los médicos ni al de los preparadores físicos, se le ha visto entero casi toda la temporada. Lo que le falla es el criterio y el temple. Muchos partidos jugados y muchas jornadas perdidas sin marcar la diferencia. Contra el Ajax paso de nuevo desapercibido y perdió una oportunidad excelente de demostrar que todavía es un jugador relevante. De esos privilegiados que marcan diferencias ellos solos.

Ahora, muchos coincidirán con Thierry Henry quien culpo de la no relevancia de Pogba porque su entrenador (Jose Mourinho) no lo supo ubicar de forma consistente en un mismo puesto, ni como mediocentro, ni interior, ni de enganche en los diversos planteamientos de Mou dentro de un United ganador de tres títulos, pero de mediocre Premier League, considerando el poderoso plantel. Lo cierto del caso es que a Paul no se le extrañó en la Juventus (finalista de Champions sin él) y tampoco dio el salto en el United, pese a marcar gol gracias a un desvío en la final de Europa League.  Pero para el hombre de las selfies y los peinados de redes sociales esto no es ningún problema, tiene contrato de cinco años con opción a otro más y hasta ahora se le fue el primero de ellos. Aún tiene otra oportunidad para probar, tiene un potencial enorme pero el crédito se le agota y la deuda crece.