El diablo simpático

10/12/2016
Carlos Avellaneda

Escrito por: Carlos Avellaneda

Cuando Oscar Pacheco me contactó para escribir una columna sobre el mejor arquero que vi, pasaron muchos nombres por mi cabeza, desde los legendarios Lev Yashin o Gordon Banks (a quien le atribuyo la mejor atajada de todos los tiempos), a quienes no pude ver, hasta los más recientes como Casillas, Buffon, Neuer o el fantástico Keylor Navas, cuya historia de superación es más cercana a un libreto de Hollywood que a la leyenda de un humilde niño de San Isidro.  Sería injusto elegir uno, son demasiados buenos porteros para decantarme por uno solo. Estas líneas se las dedicaré al primer gran cancerbero que pude ver en mi vida, a ese asombroso gato belga.

Antes de que este señor llegara a su selección, Bélgica vivía de aquella lejana medalla de oro en fútbol en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920.  Jean Marie Pfaff partió en dos la historia del fútbol belga y aunque debuto con los Diablos Rojos en 1976, solo comenzó a ser reconocido después de la Eurocopa de 1980 jugada en Italia, donde alcanzaron el segundo lugar. Después vino el partido inaugural de España 82 contra la campeona vigente Argentina a la que le dio el batacazo derrotándola por la mínima diferencia y finalizaron la primera fase como líderes de su grupo. Sin embargo, todo acabó en segunda ronda cuando Boniek con tres goles y el equipo soviético, mandaron a Bélgica de regreso a casa. Demasiado pronto para la subcampeona de Europa, y trago amargo para un golero que no sabía lo que le esperaba cuatro años después.

Pero no todo fue malo en aquel mundial español, el portero que tuvo que alternar un trabajo en una oficina postal y fue contratado en una fábrica de tejidos hasta que a los 18 años tuvo su oportunidad en el Beveren, equipo modesto que llevó hasta la cima conquistando los títulos de Liga y Copa antes de ser nombrado jugador belga del año en 1978. Tuvo la oportunidad de su vida cuando el Bayern tocó su puerta en 1982. El candado belga se fue a Múnich y aunque se marcó un gol en propia puerta en el partido de su debut, sus espectaculares paradas y su trabajo incansable le harían uno de los preferidos de los aficionados alemanes. Con el conjunto bávaro levantó tres Bundesligas y cayó en la final de la Copa de Europa 1987 ante el Oporto.

Todo este esfuerzo tuvo sus frutos en México 86. El futbol, que tiene tanto de hermoso como de misterioso volvió a ser impredecible, el seleccionado de Guy Thys clasificó tercero en su grupo, tomó venganza de los soviéticos en octavos de final y terminaron con las esperanzas de España en la tanda de penaltis en los cuartos de final antes de toparse con la Argentina de Diego Maradona en semifinales. Bélgica tuvo un recibimiento de héroes y más de 10.000 personas se agolparon en la plaza Grote Markt de Bruselas para recibir a la selección, Pfaff volvió de México con el apodo de ‘El Simpático’ gracias a la constante sonrisa que dibujaba su cara y los guiños que hacía regularmente. Su actuación en suelo mexicano mereció el elogio unánime de la crítica

El mismo hombre que en 1987 fue destacado por la IFFHS como el mejor portero del mundo, fue quien puso a Bélgica en el mapa futbolístico mundial. Fueron grandes años para el fútbol belga, donde Pfaff brillaba en el viejo continente, donde destacaron tanto sus grandes atajadas como sus polémicas por la camisa de Butragueño o las noches de rivalidad con Hugo Sánchez como coprotagonista en aquellos Bayern – Real Madrid de Copa de Europa. Sin embargo, ese tiempo jamás se repetirá y solo nos queda el aroma de su recuerdo para poder disfrutar de él.