El ad10s

05/17/2017

El placar marca 59:26 e inmediatamente el cuarto árbitro en su cartel electrónico ilumina los leds con el número ‘10’ y el ‘14’. La voz del altoparlante en el estadio anuncia que James Rodríguez será sustituido por Casemiro; como si de un déjà vu se tratara la expresión en su rostro denota un sentimiento a despedida, da un giro de 360° camino al lateral aplaudiendo al imponente Santiago Bernabéu y éste al unísono le retribuye con un continuo palmoteo, como si de un gesto de agradecimiento mutuo se inmortalizara en ese momento. Para nadie es un secreto que el fin de su ciclo en la casa blanca está más que próximo.

El colombiano arribó a las huestes merengues en el 2014, año en el que tuvo su mejor temporada, pero luego de la partida de Ancelotti, no logró reivindicar la constancia con Benítez al mando, ni con Zidane. Se le pueden atribuir factores como las lesiones, la indisciplina, declaraciones fuera de tono, la competencia a nivel interno, lo psicológico, un cúmulo que desencadenó en lo que hoy se da casi por hecho como el adiós de James a su sueño de seguir triunfando en el Madrid. Aun así, cabe resaltar que Rodríguez ante todo tipo de adversidades siempre trabajó a la par de sus compañeros. Respetando las decisiones técnicas y tácticas, mantuvo firme la actitud cuando disponía de migajas de tiempo o cuando era anunciado en el once titular llámese la competición que fuese. Jamás se le reprochará que no dejó todo mientras estuvo en el terreno de juego defendiendo los colores del equipo de su vida.

Es bien sabido que el punto coyuntural de la relación con su actual estratega fue en aquella declaración post mundialito de clubes, pero con el propósito de reubicar las piezas de su destino fue demostrando sobre el césped, con esa calidad innata que lo caracteriza, y a punta de goles, asistencias y buen fútbol, que aún se sentía importante en el colectivo. Lastimosamente y como previsiblemente se percibe en el ambiente la suerte estaba echada. James a tres partidos de que concluya la temporada oficial con el Real Madrid fue utilizado por Zidane en la llamada ‘segunda unidad’ relegándolo al banco en los partidos ‘importantes’, en los cuales en su mayoría ni un solo minuto le concedió; eso duele, hace mella en el orgullo de un jugador con el calibre del “10” y pese a ser considerado la cuarta, quinta, sexta, séptima y hasta octava opción, es el volante con mejor participación en la actual temporada, lo avalan los 1799 minutos jugados con un saldo de 11 goles y 12 asistencias, ninguno de los fijos y/o suplentes supera sus números e incidencia en el juego.

Hoy se hace eco de su no participación en las sesiones matutinas del Real Madrid aduciendo un golpe en uno de sus pies que lo dejará por fuera del crucial juego contra Celta de Vigo y probablemente contra Málaga. Todo tiende a indicar que es una cortina de humo para ocultar el viaje relámpago a Manchester en el que habrá finiquitado su paso a los Red Devils. Independiente de que Old Trafford, Stamford Bridge, Allianz Arena u otro templo se convierta en su nueva casa, aquí lo verdaderamente importante es que James sea feliz, necesita minutos, necesita sentirse de nuevo importante, necesita encontrar la confianza perdida, necesita ser futbolista otra vez. El adiós del vaquero de la casa blanca, deja un sin sabor para él y toda la fanaticada merengue, pero debe entender que hay vida más allá del Real Madrid.

Carlos Andrés Beltran [@beltrancarlos6 ]