Editorial: Respeto

07/26/2017

Los periodistas mexicanos tiraron la piedra y escondieron la mano. ‘Analizando’ el rendimiento de Juan Carlos Osorio lo han tratado de incompetente, loco, vendedor de humo y ayer, luego de su llegada a México procedente de Estados Unidos, donde fue eliminado en semifinales de la Copa de Oro, todos pusieron cara de hombres buenos, cambiaron el discurso, le bajaron al tono, a las ofensas y defendieron al técnico diciendo que sólo había llegado a su país a ayudar.

Juan Carlos Osorio es un señor respetuoso y trabajador; los jugadores que han estado a su mando en Estados Unidos, Colombia y Brasil pueden dar cuenta de ello, y en México, donde es el mejor entrenador del último tiempo, lo han maltratado, descalificado y lo han puesto en la palestra pública como el principal culpable de los malos resultados de la selección. El fútbol mexicano tiene problemas mucho más graves, en los últimos 11 años han tenido 12 técnicos, no respetan ningún tipo de proceso y no es la primera vez que un adiestrador llega a un aeropuerto escoltado por la polícia.

El director técnico argentino Marcelo Bielsa decía en una entrevista que los medios de comunicación se habían convertido en las instituciones con mayor poder educativo y que eso era una vergüenza porque tienen intereses (económicos) y pervierten a los seres humanos según las victorias o derrotas. Pero a Osorio ni siquiera lo evalúan por los resultados de su trabajo. El señor David Faitelson, periodista de la cadena ESPN, es uno de los principales críticos de Osorio y cuando le preguntaron por cuántos partidos había visto del Atlético Nacional que dirigía el colombiano se quedó callado.

El periodismo deportivo está cayendo a los niveles más bajos de mediocridad y para seguir vendiendo pone en riesgo la integridad de personas que como Osorio no hacen más que cumplir su trabajo. El comunicador que está alfrente de una cámara o que habla por medio de un micrófono tiene una responsabilidad mayor de las cosas que dice ya que es formador de opinión, y la gente forma la realidad con respecto a lo que oye, ve y lee.

Ojalá este sea un precedente para que los medios de comunicación mexicanos le bajen al ‘picante’ de muchos de sus comentarios, vean más partidos de fútbol, escuchen más a Marcelo Bielsa y sean menos incendiarios porque los niños que fueron al aeropuerto con pancartas y le gritaban improperios a Juan Carlos Osorio, quien no podía ocultar su tristeza y decepción,  serán los ciudadanos mexicanos del mañana.