EDITORIAL | Creer

04/11/2018
PaseAlVacio

Escrito por: PaseAlVacio

Roma es una ciudad histórica que brilla con luz propia. Sus monumentos, sus iglesias, sus leyendas y sus coliseos son imponentes. Es una capital imperial que en el fútbol no ha podido consagrarse a nivel europeo.

Lazio y Roma son equipos reconocidos a nivel mundial por jugar en la liga de Italia, pero sus presentaciones internacionales rayan con lo mediocre. Ninguno de los dos equipos ha podido levantar una Champions League. Tampoco han podido consagrarse en la Europa –ex Copa de Europa-. Pero ayer ‘La loba’ escribió un nuevo capítulo en su historia.

La Roma será admirada a nivel mundial, no solo por haber eliminado al Barcelona de Messi, Iniesta o Suárez, sino por la manera en que jugaron delante de su gente. Escribieron una epopeya al derrotar a uno de los equipos favoritos para ganar la ‘orejona’ este año. La serie estaba casi perdida, pero no perder la fe fue la clave de la fundación de la ciudad y ahora fue el factor diferencial para meterse dentro de los cuatro mejores equipos del continente.

Los jugadores de la Roma se vistieron de gladiadores. No dejaron jugar a los catalanes, los ahogaron, los superaron, les hicieron los goles en los momentos exactos y nunca bajaron los brazos. Los dirigidos por Valverde se relajaron por el resultado obtenido en el Camp Nou y en la capital de Italia se estrellaron con un equipo lleno de corazón, de tesón, de ganas y, sobre todo, de fútbol.

Messi, Iniesta y Suarez estuvieron aislados e incomodos. Nainggolan, De Rossi y Dzeko cumplieron con sus tareas y pasaron por arriba de un equipo que, en el papel, era superior. Lo de ayer fue una nueva muestra de lo que se puede hacer cuando se cree en uno, en sus compañeros y se tiene el talento para llevar las tareas encomendadas por el técnico.

El balompié nos enseña día a día en todos los partidos y competencias. No se puede mirar a un equipo por encima del hombro. El fútbol castiga a los soberbios. No está bien dar un partido o una serie por ganada. El fútbol castiga el exceso de confianza. Este es un deporte único, la cancha rectangular es un lugar incomparable y ayer en el Estadio Olímpico de Roma quedo demostrado de nuevo.