Dos tragedias iguales

09/29/2017

Philippe Coutinho fue titular por primera vez en lo que va de esta temporada. Jugó 78 minutos en el empate entre el Liverpool y el Burnley (solamente acumula 306 minutos); mientras que Alexis Sánchez disputó tan solo los últimos 24 minutos del magro empate entre el inoperante Chelsea y el Arsenal más gris que hemos visto en años (tiene 364 minutos en campo en lo que va del curso).

La expresión de estos dos jugadores no es la mejor por estos días y con justa razón, el fallido traspaso del brasileño al Barcelona y el del chileno al Manchester City, le mete limones a la bebida de turno y todo es más agrio. Como dice la conocida canción de Rubén Blades: “dos personas distintas pero dos tragedias iguales”; dos jugadorazos que van a tener que tragarse su amargura y seguir adelante en los clubes que les dijeron que no a su salida.

El tema de Coutinho es muy complicado. El mediocampista tenía muchas ganas de fichar por el F.C. Barcelona y el hecho de que el Liverpool no haya dado ninguna facilidad al club azulgrana, solicitándole en las últimas horas una cifra de 200 millones de euros por sus servicios, no le habría gustado nada. La relación del volante carioca con su entrenador, Jürgen Klopp, estaría rota según los medios ingleses y a partir de ahí, será muy complicado recomponerla. Volver a generar confianza en el corto plazo, para que el jugador rinda tan bien como lo hacía antes de este pasado verano será muy difícil.

Lo de Alexis tiene otros matices. Fue traído en julio de 2014 con el único fin de darle un salto de calidad al elenco gunner, sobre todo si iba a estar acompañado de otro talentoso como Mesut Özil. Pero esto no fue plasmado en la realidad, los de Londres siguen sumando decepciones en todos los torneos que participan y la falta de ambición del técnico francés, Arsene Wenger, ha ido mermando la confianza del tocopillano en el equipo; de allí que haya manifestado su frustración en repetidas ocasiones.

Puede que los jugadores no hayan alcanzado el tan anhelado fichaje, pero tampoco puede decirse que los clubes hayan vencido, después de esto nadie garantiza que los dos cracks tendrán una buena temporada 2017/18. Ganada la batalla por retener a los futbolistas, ahora a los clubes les queda por lidiar otra guerra más peligrosa: la de volver a animar a sus figuras para que lo den todo en el campo. Es evidente que hay un contrato de por medio, que tenemos un mundial a la vuelta de la esquina (no sabemos qué tanto para Chile) y que estamos hablando de profesionales que no dudarán de enfundarse la camiseta cuando sus técnicos lo exijan, sin embargo, otra cosa será que tengan las intenciones de ofrecer su mejor versión y es que puede que, al fin y al cabo, a los dueños les salga el tiro por la culata al querer quedarse a toda costa con ellos cuando sus mentes están en otro estadio.

Lo que decimos no es siempre porque entren en rebeldía y no quieran, es porque son seres humanos, porque la desolación y tristeza debe habitar sus casas al verse tratados como mercancía y al ver frustrados sus sueños. El daño ya está hecho, los clubes deben asumir las consecuencia y el debate está servido: ¿es mejor dejar ir a tus estrellas con la consecuente pérdida de calidad que traerá a tu equipo o lo ideal es retenerlas en contra de su voluntad con todos los efectos colaterales de dicha decisión, una relación rota y el trabajo que va costar recuperarlos moralmente?