Doble rasero

04/11/2017

El Comité de Competición de la RFEF provoca una combinación, muy extraña, de ira, impotencia y risa. Hoy se oficializó la suspensión de tres partidos a Neymar: uno por la falta que le costó la segunda amarilla (justa) y dos por aplaudir al cuarto árbitro. Sí, dos partidos, POR APLAUDIR.

Sinceramente, me gustaría mucho poder reunirme, aunque fuese por cinco minutos, con las personas encargadas de imponer las sanciones. Me muero de curiosidad por saber cuáles son los ‘criterios’ que se tienen en cuenta a la hora de suspender a un jugador. Lo digo porque es curioso que a Neymar le vayan a dar dos partidos por unos aplausos irónicos y a Sergio Ramos, en 2010, le hayan dado sólo una fecha de sanción por una patada desleal (y peligrosa) sobre Messi, y sus posteriores agresiones a Puyol y Xavi Hernández.

Quisiera preguntarles porqué Dani Carvajal no recibió, tan siquiera un llamado de atención, después de mostrarle el dedo medio (o como en España dicen, “hacerle una peineta”) a los aficionados del Barcelona tras el gol de Ramos, en el último clásico. Quisiera preguntarles porqué nadie del Comité ha puesto sobre la mesa el hecho de que Cristiano Ronaldo haya insultado al árbitro Bengoetxea, en el último derbi madrileño. Siguiendo la lógica de nuestra amada y respetada FIFA, eso da para cuatro partidos de suspensión, como mínimo.

Quisiera saber por qué Neymar, probablemente, recibirá tres partidos por una falta (totalmente normal) y unos aplausos, cuando en 2015, a Cristiano Ronaldo le dieron dos fechas de sanción por agredir de manera aberrante a un jugador del Córdoba. Quisiera saber por qué el señor Tebas, el pasado octubre, se empecinó en criticar y culpabilizar a algunos jugadores del Barcelona después de que fueran agredidos por los aficionados del Valencia (el eterno vicio de culpar a la víctima). Quisiera saber por qué nadie dijo nada, el día que Sergio Ramos y Diego Costa se lanzaron escupitajos en un derbi madrileño.

No respaldo la actitud de Neymar, en lo más mínimo, su expulsión fue justa y los aplausos, fuera de lugar. Pero, primero, su falta no fue desleal ni puso en riesgo la integridad del rival. Y segundo, en ningún momento se ve que agreda a ninguno de los jueces. Colocar una sanción tan exagerada por una situación que es tan frecuente dentro del fútbol es un despropósito.

A menos que, en medio de sus aplausos, Neymar hubiese lanzado algún insulto fuerte al cuarto árbitro, la sanción no sólo es injusta, sino absurda. Los hechos lo dicen por sí solos; en España se tratan unos casos de una forma, y otros de otra. Se tratan a unos jugadores de una forma, y a otros de otra. Se tratan a unos equipos de una forma, y a otros de otra. Y esta situación va más allá del Barcelona y el Real Madrid. Es un doble rasero que envenena el fútbol.


Carlos Cifuentes [@caredcifuentes]