Crónica de un fracaso

12/4/2017

Tenía todas las señales. Como cuando el paciente pasa de un estado estable a terminal y comienza a empeorar, pero, a pesar de los síntomas, ni el “médico” ni sus “familiares” pensaban que podía morir. No solo murió, sino que lo hizo antes de tiempo.

Unos dicen que lo mató una grave psicopatía o trastorno de verdad, que en términos castizos, no es más que complejo de superioridad. Otros, le echan la culpa al diablo: no al América, sino a la vanidad, que es su pecado favorito. Un grupo más selecto está convencido que, como a los nísperos, lo mató el periódico: quedó sepultado debajo de sus desproporcionadas columnas. Pero lo que más se escucha por ahí, es que el grupo de jugadores es una gran familia. Pero de esas, que se están matando por una herencia.

Jugadores que ni se hablan ni se miran; dos de ellos que creen que son todo el equipo; promesas que se hunden en la indisciplina; en rumores de acosos sexuales o tentativa de ellos; y detrás de todo eso, un técnico que –nadie lo duda—es una gran persona, pero sin carácter alguno para manejar un grupo disfuncional.

La displicencia con que erraban goles que hasta yo (y eso ya es demasiado) podría meter, el haberse creído el cuento que era “el mejor Junior de la historia” (¡el verdadero colmo!) y tomar poses de diva en los partidos para que el peinado a la última moda no se despeluque, eran las señales de que algo grave pasaba, pero en medio de una euforia alimentada por algunos medios, nos creíamos el Santos de Pelé. Haber ganado dos partidos de los últimos diez, errar cinco penales en línea y sufrir hasta con los pequeños equipos, estaban anunciando que algo malo pasaba.

La publicidad atronadora que prometía la venta de 36 mil abonos te perseguía por radio, televisión y prensa acompañado de cantos de sirena que anunciaban cuatro refuerzos más para ganar, además de la Sudamericada, la Liga, y la Copa….la próxima Libertadores. Solo se logró un premio de consolación que, proporcionalmente a la inversión que los Char inyectaron al equipo, no da ni lástima.

Porque al César lo que es del César y a los Char lo que es de Char: los dueños del onceno juniorista sí cumplieron. No escatimaron dinero para reforzar un equipo que venía de estrepitosos fracasos para que Barranquilla tuviera un equipo a su altura. Don Fuad, ni en sus peores pesadillas, pudo imaginar que este fracaso sería peor que el de años anteriores: casi que no se ganó nada, a un precio exorbitante.

El error de los dueños del equipo, sin duda, fue mantener a Comesaña como Director Técnico. Un buen tipo; todo un señor; descubridor de talentos; pero con una visión del fútbol de hace treinta años. Un hombre que perdió autoridad y se deja manosear por el equipo. Poner una fortuna invertida en manos de Julio, es como dejar a los Nule a cargo del Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Como diría el otro, “esa platica se perdió”.

No soy pitoniso; brujo; hechicero ni mentalista. Pero desde los últimos partidos estábamos advirtiendo del despelote en el equipo. Pero los llamados a la prudencia surtieron el mismo efecto que un poquito de árnica en un linfoma cancerígeno. Los periodistas se convirtieron en hinchas y apelaban a las excusas más ridículas para justificar cada traspié. O era el árbitro; o el cansancio; o la nómina alterna; la suerte o hasta el “mal de ojo”. Ojalá que tanto baño de triunfalismo anticipado, haya dejado a muchos una lección que, parece, aún no han aprendido.

¿Se puede hoy culpar hoy a la afición que hace burlas de un equipo que terminó burlándose de ellos? ¿Se puede criticar al hincha que ya no cree y que le importa un comino si regalan los abonos para el otro año? Hay que respetar el duelo. Es como cuando hay un muerto en casa. Es mejor dejar pasar los días y, con mesura, hacer los anuncios a los que haya lugar.

Lo que sí se demostró es que cuando se le invierte al equipo, la afición responde. Una afición que acompañó al tiburón…hasta la sepultura. Es, tal vez, el argumento para que Fuad Char siga creyendo y contrate lo que haga falta, que no es poco: Un central, un creador, un “ocho” de categoría y, lo principal, un delantero centro goleador. ¡Ah!, y un cuerpo técnico completo. Uno que exija que cada jugador sea un gladiador en el terreno, no un modelito de pasarela.

Así que (al oído de un diario local) ¡no hay que ensillar el caballo…antes de comprarlo!


Anuar Elias Saad [@anuarsaadsaad]