Creerse el cuento

08/25/2017

La buena presentación de la selección Colombia en el Mundial de 2014, la Copa Sudamericana de Santa Fe y la Copa Libertadores de Nacional, me hicieron pensar que el fútbol colombiano iba a empezar a consolidarse como uno de los mejores de la región. Era el momento perfecto, era el impulso que necesitábamos para agrandar nuestra mentalidad y empezar a creernos el cuento de que podíamos ser una liga importante.

Esos tres eventos, sumados al interés de equipos grandes por los jugadores criollos, marcaban el camino para implantar un FPC fuerte. Pero nada de eso paso, y por el contrario, la liga perdió presencia en los torneos internacionales. A los dirigentes en Colombia no les interesa ser grandes. Los equipos se arman para buscar llegar alto un torneo, vender y volver a empezar. La mentalidad del corto plazo se apoderó de los escritorios de los grandes en Colombia. Vender a la primera oferta y ganarse cualquier millón de dólares se volvió más importante. Consolidar al equipo como uno de los grandes del continente, no es la primera opción. Y no lo es porque necesita de consistencia, de inversión, de paciencia y de sacrificio.

Consistencia en mantener una idea, un modelo, una forma de ver el juego. Inversión porque es necesario mantener lo máximo posible a los jugadores y técnicos que desarrollen esas ideas. Paciencia porque hay que esperar, hay que convencer a los protagonistas que la primera oferta no siempre es la mejor. Sacrificio porque todos deben sacrificar algo: los jugadores y DTs deben sacrificar su sueño de salir rápido y los dirigentes, los dólares que pueden llegar rápido. Si un equipo logra consolidarse, meterse siempre a finales y ganar títulos, puede empezar a vender más y mejor.

Un proyecto de éxito deportivo trae éxito económico. No es sino mirar a los grandes del continente, que después de ser ganadores y protagonistas, venden a sus jugadores mejor y más fácil. Mantener a tu equipo en lo más alto hace que el dinero, que al final es lo que buscan, sea mayor. De nada sirve en el largo plazo, armar un equipo, ganar, vender y quedarse sin nada. Hay que cambiar el chip, hay que empezar a consolidar ídolos de nuevo, como lo hicieron los que hoy son llamados grandes. Hay que invertir un poco más en mantener a los jugadores, en venderlos cuando hayan logrado mucho con el equipo, cuando sean recordados por siempre si se van. Hoy basta un torneo bueno para dejarlos ir. Por eso los equipos no se consolidan.

Hay que cambiarle el sueño a los jugadores de jugar en Boca o River y volver al equipo local en el nuevo Boca o en el nuevo River. Toca empezar a venderle al jugador colombiano la idea que irse no siempre es lo mejor. Empezamos de nuevo a producir ídolos, que guíen a nuestros equipos a lo más alto y que logren su sueño deportivo y económico acá. Es mejor quedarse a pelear la Libertadores que irse a cualquier equipo en México. Es mejor ser titular acá que suplente en Brasil. Suena más bonito salir de tu equipo como campeón e ídolo y no como uno más que no levantó títulos. Hoy el FPC puede formar jugadores de primer nivel sudamericano, que varios equipos pueden mantenerse en lo alto de los torneos del continente si se lo proponen y que varios de los jugadores de acá, pueden venderse mejor de lo que se están vendiendo.

No se han preguntado por qué cuando salen de acá valen menos de 5 millones y después de una temporada normal por fuera valen más de 10. ¿No habrían salido a Europa jugadores como Orlando Berrio, Mateus Uribe o Miguel Borja si hubieran logrado un bicampeonato continental? ¿No valía más la pena quedarse volviendo al equipo de acá grande? Ojalá la mentalidad cambie y empecemos a trabajar por llegar a la cima. Ser ganador también pasa por creérselo y desafortunadamente acá, aún no lo hacemos.