Colombia is football

09/27/2017

Por años me han dicho que es sólo fútbol, que son 22 hombres detrás de una pelota, que al fin de cuentas, no sirve para nada más que para entretener. Qué equivocados están. El fútbol ayuda mucho y a muchos. El fútbol tiene una capacidad que pocas otras cosas tienen, y en la historia que les voy a contar hoy, es capaz de cambiar la imagen de un país.

Por motivos laborales viví fuera de Colombia entre 2008 y 2013. Siempre al decir que era de Colombia recibía el mismo comentario: “¡Oh! Pablo Escobar, cocaine”. Algo que siempre me molestó y que, en muchas ocasiones, me hizo entrar en polémicas. Cada vez que me preguntaban de dónde era, me preparaba para explicar que mi país, era mucho más que eso. Aún hoy, lo sigo haciendo. Tengo mi discurso listo para responder.

Pero este año, entre mis vacaciones y mi trabajo, me di cuenta que algo está cambiando. Este año, decidí viajar con mi chaqueta de la selección Colombia. En Francia, mi primera parada, no dejaron de hablarme de Falcao: “¡Qué gran delantero es Falcao!”, me decían con una gran sonrisa en la cara. Nunca me hablaron de drogas o narcos, siempre me hablaron de él. Orgullo patrio.

En Roma, no dejaban de mencionarme a James. Varios hinchas romanos me decían que el Real Madrid lo había desaprovechado, que seguro la Loba sería campeón de todo con el 10 colombiano; “lástima no tener dinero para ficharlo”, me decían. Lo mismo en Florencia. Cuando entre a buscar una camiseta de Batistuta: “¿por qué quieres una de Batistuta, si te puedo vender la de Cuadrado? Qué gran jugador es el colombiano”. No lo podía creer, más de 15 días y aún no me hablaban de lo malo, todos con los que interactuaba, sonreían por nuestros futbolistas.

Hoy salí a caminar en Estambul. Es increíble el gran recuerdo que dejaron Faryd Mondragón y Óscar Córdoba en esta ciudad. Varios hinchas del Besiktas me decían, en el Gran Bazar, lo que gozaban viendo a Óscar. Lo mismo otros cuantos del Galatasaray con Faryd. En éste viaje mis embajadores fueron ellos, los que visten de cortos y que luchan por sus equipos día a día. Los que siempre, según los locales, repartían sonrisas, fotos y autógrafos sin importar el día o la hora.

Me di cuenta que el fútbol le está cambiando la imagen al país. Me pongo feliz mi chaqueta tricolor y sé que me van a sonreír en vez de juzgar. Hoy gracias a los goles de Falcao, la zurda mágica de James, los desbordes de Cuadrado y las tapadas de Mondragón y Córdoba, me siento más orgulloso de ser colombiano. Y me siento orgulloso de amar el fútbol.