Cero y van siete

04/13/2017

Para nadie es un secreto que Junior pasa por un mal momento, tanto en el tema directivo como en el deportivo. Desde hace ya algunos años, Junior no estaba tan abajo en la tabla de posiciones y con tan pocas posibilidades de avanzar. Todo esto va acompañado con un ambiente tan negativo en la ciudad de Barranquilla que al parecer cambiar de técnico o buscar refuerzos, es lo de menos.

En la época de Alexis Mendoza, Junior era un equipo que siempre estaba en las primeras posiciones, con una idea clara y bien ejecutada en la cancha, con jugadores de nivel y con una afición que lo apoyaba claramente. Dos finales y un título en año y medio eran muestra clara de que Junior era de los importantes al mando del barranquillero. Pero la historia de amor se acabó, los directivos no querían traer refuerzos y después de semanas de disputas se terminó el ciclo de Alexis Mendoza y con ello, todo lo demás.

Llegó un hombre muy querido de la casa, capitán e ídolo del Junior en su época de jugador, pero con muy poca experiencia en los banquillos, Giovanni Hernández. En el campo no se veía una idea y eso se reflejaba en los resultados, tanto así, que Junior tuvo una de sus peores rachas sin victorias. Eliminado penosamente en la Copa Sudamericana, eliminado claramente en la Liga, con una final para olvidar en la Copa Colombia y con un Metropolitano prácticamente vacío todas las jornadas,  todo parecía encaminarse a que otro ciclo en los banquillos del Junior estaba cumplido.

Por semanas sonó y al final del 2016 se concretó la venida de Alberto Gamero, la ilusión volvía a los barranquilleros. Un hombre con experiencia en el fútbol colombiano y muy querido en la costa iniciaba un nuevo proceso, con nombres no tan rimbombantes, pero que prometían. El comienzo en la Libertadores fue muy bueno, el equipo mostraba identidad y ganaba, pero todo se derrumbó. Junior no lograba resultados y la presión era cada vez mayor, Gamero no tomaba las mejores decisiones y el equipo se hundía. Y en vez de apostar a un proceso, en que obviamente las cosas no iban a ser fáciles, las directivas se fueron por el camino rápido y el proceso de Gamero terminó.

Cuando un técnico de Junior se va a mitad de torneo, la afición rojiblanca sabe lo que significa. Por séptima vez, Julio Comesaña llega a la ciudad de Barranquilla a salvar un incendio. Una falta de ideas grandísima en la directiva del Junior hace que cada proceso termine en el mismo resultado, se repite siempre el mismo ciclo. No hay ideas nuevas, no hay procesos, no hay apoyo, no hay actitud y no hay tiempo, porque la Liga va avanzada y Junior sigue en el sótano de la tabla. Ojalá a Comesaña le vaya bien, ya que es un hombre querido y ha sabido sacar a Junior de momentos muy bajos, pero no siempre se tiene que recurrir a lo mismo, por eso existe una mala relación entre los directivos y la afición, que quieren soluciones y todo está lejos de darse al parecer. Todo sigue igual y ‘los tiburones están ahogándose’.


Segio Ustaris [@SergioUstaris]