¡Ay, Jesús!

10/30/2012

Era domingo, de pascua, de resurrección, de regocijo, de júbilo. Muchos motivos para mirar el Monumental, templo del fútbol argentino, a pleno. Allí donde Mario le dio un mundial a toda una nación, allí donde el espíritu de Norberto, Enzo, Ángel, Amadeo, JJ, conviven recordando la grandeza de River Plate. Era domingo de fiesta, volvía el superclásico.

Pero así como en las historias bíblicas, cuando el cielo se encapota, se augura un mal presagio. El sol, radiante testigo de un Monumental con 60.000 almas coreando “River, River”, huyó cobarde en el segundo tiempo dejando todo en manos de Jesús, ¡ay ‘Jesús’!

Ponzio se lavó las manos de entrada con su gol al minuto. No quiso ser parte del desastre final. Desastre porque si los primos celebran un empate como si fueran campeones del mundo, para nosotros, los que tenemos la banda tatuada en el corazón, hoy se perdió 2 a 2.

Pero confiábamos en nuestros ídolos. En ‘Jesús’, que se bancó el calvario de la B; en David, que volvió de Francia por puro amor, venciendo a los Goliats de acero que inundan el aire. Qué irónico que un Rodrigo fuese la figura. Ese nombre lo más cerca que ha estado al Edén  es la alabanza al ‘Diez’ que se volvió himno del ‘Pelusa’. Mora, él solo le dio esperanza a un pueblo millonario que sintió el clásico en sus manos.

¿Quién no ‘cargó’ a un amigo bostero tras el gol de Mora? La cruz que después nos tocó levantar, no la concebía nadie. Sin dejar de lado la estupidez de González Pirez (hasta cuando Pirez) cometiendo un penal evitable, el partido lo pierde Almeyda. Trezeguet no podía con su alma, pero ‘Jesús’ prefirió silenciar las gambetas del oriental. Y en aquel afán, el que tuvo el francés para definir la última pelota que era gol cantado de Sánchez, los ‘bosteros’, sí, a lo Boca, nos sacan el pan del horno ya quemado. A lo Boca, ellos siguen celebrando el empate.

Era domingo de resurrección. Era la vuelta al superclásico, era volver a ese lugar que nunca perdimos, pero que tenemos que legitimar. Era un domingo de júbilo pero terminó siendo un domingo normal, como cualquier otro.

Román Gómez Rojas
@RomanGomez