Árbitros en la era de Twitter

03/15/2017

Existe indignación en muchos aficionados al fútbol debido a lo sucedido en el Camp Nou el 8 de marzo. La remontada del Barcelona, luego del 4-0 recibido en Paris, quedó en entredicho por la nefasta actuación de Denis Aytekin, arbitro alemán que se encargó de darle un empujón histórico a Neymar y compañía para que lograran lo imposible, cuando el resultado los tenía con pie y medio fuera de la Champions League.

En épocas de redes sociales, celulares y un sin número de cámaras en los estadios, los escándalos por malos arbitrajes se maximizan, pero no es algo nuevo en el fútbol, las equivocaciones han existido desde siempre. ¿Te imaginas, querido lector, ‘La mano de Dios’ en Brasil 2014 o el gol fantasma de Geoof Hurst (1996) en la final de Sudáfrica 2010? No sé qué habría sido de esos árbitros con este juicio rápido que se hace en la era digital.

Es imposible desvincular los grandes escándalos del fútbol con dinero, y siempre se juzga al árbitro como si las ordenes, de existir, no vinieran de arriba. ¿Te acuerdas del Corea semifinalista en 2002, con arbitrajes lamentables en sus enfrentamientos contra Italia y España? Aquí no se benefició al más grande pero sí al que movería más dinero en ese torneo jugado en Asía. ¿Habrían roto el Twitter y el Facebook de ser en 2014? Es claro que sí, se firmarían peticiones para repetir el mundial, pero así como Messi cobra mal un penal o Cristiano define mal un contragolpe, ¿no pueden equivocarse los árbitros?

Es necesario ver todas las opciones y mirar el fondo del asunto. ¿Podían ver los árbitros la mano de Henry que terminó clasificando a Francia a Sudáfrica 2010? Viendo la repetición es claro, pero los jueces dentro de la cancha no tienen la misma opción de ver 100 repeticiones desde distintos ángulos. Claro que hay intereses, en la FIFA hay una mafia y ha quedado demostrado con las encarcelaciones y suspensiones a muchos de esos que toman decisiones y ponen ganadores, pero es necesario empezar a creer que muchos de los árbitros juzgados en la palestra pública son víctimas de un juego y una presión estructurada que los pone de conejillos de indias.

¿Por qué no sancionar a los jugadores que simulan?, ¿por qué no los condenamos igual?, ¿por qué los clubes no castigan a los futbolistas faltos de ética?, ¿presionan los jugadores a los árbitros para que se equivoquen?, ¿los referees respetan demasiado la condición de las figuras y se dejan intimidar?, ¿no es tan culpable Suárez como Aytekin al tirarse de clavado dentro del área?, ¿si te toca dirigir Barcelona-PSG, y Messi, Neymar y Suárez te presionan todo el partido, no es probable que te equivoques?

Como en muchas áreas de la vida, condenamos al eslabón más débil, al menos importante y al de menor relevancia. Los errores van ligados a grandes triunfos, podemos tomar el proceso completo o quedarnos en teorías conspirativas. Es hora de disfrutar más, recuerda que la vida se está pasando y no te estás deleitando con Messi, Cristiano o Ibra; como los que vivimos el futbol sin redes sociales y nos alegramos de Romario, Baggio, Ronaldo o Zidane.